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Fin de año · deseos · balance

Fin de año y año nuevo con un deseo de hijo pendiente

El brindis, las tradiciones y los propósitos pueden convertir la última noche del año en una pregunta sin respuesta: «¿este año sí?». Puedes decidir qué desear, cómo pasar la noche y cómo despedir el año.

Por María Teresa Ramos Martínez ·

La última noche del año tiene un ritual de cuenta atrás: el brindis, la tradición de tu casa y un deseo que se pide a medianoche. Cuando llevas tiempo con un deseo de hijo pendiente, esa cuenta atrás puede sonar como una pregunta dicha en voz alta: «¿este año sí?». Quizá quieras estar rodeada de gente, quizá prefieras el silencio, o quizá cambies de idea a las diez y media. Cualquiera de esas respuestas cabe.

Este texto no habla de plazos, de probabilidades ni de lo que puede pasar el año que viene: eso lo conoce tu equipo médico. Tampoco repite lo que cuentan los artículos sobre Navidad y fiestas familiares con infertilidad o sobre cumplir años mientras buscas embarazo. Aquí nos quedamos con una sola noche y con sus piezas: el deseo que pides, el balance que haces y las preguntas que te llegan.

La cuenta atrás que se parece a un examen

A medianoche, el tiempo parece partirse entre lo que ya pasó y lo que está por venir. Para quien espera algo que no depende solo de su voluntad, el año que cierra puede leerse como un expediente en el que falta lo más importante. Y el que empieza, como otra convocatoria.

Si te reconoces ahí, tienes permiso para dejar la fecha en lo que es. El año nuevo no sabe nada de tu historia, de tus citas ni de lo que has sostenido. Es un número que cambia, y lo que hagas con esa pausa es cosa tuya.

Tu deseo como deseo

Los propósitos de enero pueden tener un peso añadido para quien busca un embarazo, porque el primero de la lista quizá quiera ser «que este sea el año». Puedes escribir tu deseo como deseo, con las palabras que tenga, y decidir aparte si este año quieres propósitos o prefieres quedarte sin lista. Las dos opciones son válidas, y ninguna te obliga a renunciar a lo que deseas ni a hacer como que no existe.

Si quieres tener propósitos, pueden ser pequeños y hablar de ti: con quién te apetece conversar, qué compromisos te quitas de encima, qué le pides a tu entorno. Si no quieres, el deseo puede quedarse tal cual, sin apellido de enero. Sobre cómo se siente esa mezcla de ilusión y cautela, puedes leer esperanza y miedo a ilusionarte: cómo convivir con las expectativas.

Un balance que cabe en una nota del móvil

Si te apetece despedir el año, hay una forma sencilla que no pasa por rellenar listas. Unos días antes, escribe en una nota del móvil, sin enviarla a nadie, la respuesta a una sola pregunta: «¿Qué he hecho este año por mí que no me habría imaginado hace doce meses?». Escribe hasta que se te acaben las palabras y guárdala sin releerla. Puedes volver a ella después o no volver nunca.

La pregunta está pensada para que el balance no dependa de un resultado. Admite respuestas pequeñas: una conversación difícil que tuviste, una cita a la que fuiste, un plan que cancelaste porque no podías, un «no» que dijiste. Y admite que digas «no sé» y te quedes callada un rato. Si lo que más te asoma es la sensación de haber esperado todo el año, quizá te acompañe vida en pausa durante la búsqueda de embarazo.

Qué desear cuando el deseo ya lo conoces

Con el brindis llega el momento de pedir, y a veces el deseo sale solo, con la misma fuerza de siempre. Puede que lo pidas igual, y está bien. Pero también puedes preguntarte si, además de ese deseo, quieres pedir algo que sí tenga que ver con cómo te vas a tratar a ti durante el año: más cuidado, más apoyo, menos prisa por demostrar nada, más permiso para descansar de la espera.

Un deseo de cuidado tiene una ventaja: lo puedes empezar a cumplir al día siguiente. No es un premio de consolación ni una manera de resignarte; es una petición a la que tú misma puedes responder. Y si el ritual se te atraganta, puedes hacerlo a medias, saltártelo o pedir el deseo en silencio antes del brindis, sin prisa. El brindis no cobra nada por llegar tarde.

La noche: con quién, hasta cuándo y qué contestar

Antes de la fecha, puedes hablar con quien te acompañe, ya sea tu pareja, una amistad o una persona de tu familia, y ponerle forma al plan: dónde pasarás la medianoche, hasta qué hora te apetece quedarte y quién sabe lo que estás viviendo. Si vas a una casa con más gente, puedes acordar una señal para marcharte o decidir de antemano que te irás tras el brindis. Si prefieres una noche tranquila, la tuya también cuenta como plan.

Si a mitad de la cena notas que no quieres seguir, puedes salir con una frase verdadera: «Me ha costado más de lo que esperaba, así que me voy a casa. Os deseo un feliz año». Si te quedas en casa, puedes dejar escrito a una persona de confianza que le llamarás o escribirás después del brindis. Y si quien te acompaña quiere ayudar pero no sabe cómo, puede leer cómo apoyar a alguien con infertilidad.

Entre brindis y abrazos pueden llegar los deseos ajenos: «a ver si este año por fin», «que sea el año del bebé», «el año que viene, con uno más». Pueden venir con cariño, y aun así pesar. No tienes que corregir a nadie ni sonreír por encima de lo que sientes. Por si te sirven, algunas respuestas posibles:

  • «Gracias, me llevo el cariño. Este año deseo sobre todo tranquilidad.»
  • «Eso lo llevo yo a mi ritmo. Brindemos por otras cosas.»
  • «Gracias por acordarte. Cuéntame tú qué le pides al año.»

Para quien necesita pensar en cómo medir los tiempos sin que la cuenta mande, hay más ideas en ponerte plazos en la búsqueda de embarazo: cómo cuidarte cuando una fecha pesa.

Preguntas frecuentes

¿Tengo que pedir un deseo durante el brindis si el mío es tan grande?

No tienes que pedir nada. Puedes pedir el deseo de siempre, otro distinto, dejarlo en blanco o saltarte el ritual. Nada de eso obliga, y el valor de tu año no depende de cómo las tomes.

¿Puedo irme antes del brindis si ya no aguanto?

Sí, puedes irte cuando lo necesites, antes o después del brindis. Basta con una frase verdadera y corta. Si lo prefieres, puedes dejar acordado con alguien de confianza que te llame o te escriba más tarde.

¿Y si no me apetece hacer ningún balance del año?

Puedes no hacerlo. El balance es una opción, no una tarea de fin de año. Si más adelante te apetece, la nota del móvil o una conversación con alguien de confianza seguirán estando ahí.

¿Cómo digo que este año no quiero propósitos?

Puedes decirlo tal cual: «Este año me quedo sin lista». No hace falta justificarlo ni sustituirlo por otra cosa. Si te preguntan, puedes responder con humor o cambiar de tema sin dar más explicaciones.

Si quieres ordenar con alguien lo que esa noche te remueve, María Teresa ofrece la consulta individual, una sesión online de 60 minutos, única, sin compromiso de continuar y sin guion cerrado, para ordenar lo que necesitas ordenar ahora mismo. El coaching no es terapia ni sustituye la atención médica o psicológica.

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