Entras a la consulta con tu carpeta de papeles y, entre una pregunta y otra, la persona que te atiende menciona que va a ausentarse una temporada por su embarazo. O no dice nada y simplemente lo ves. O te cruzas en el pasillo con otra paciente con la mano en la barriga. En un lugar donde llevas tanto en juego, esa noticia puede llegar como un golpe que no esperabas, y puede que tengas que seguir hablando de tus asuntos como si nada.
Este texto no juzga a ningún profesional ni a ninguna paciente, no explica cómo funciona tu clínica y no dice nada sobre tu caso: eso es cosa de tu equipo médico. A diferencia de la guía sobre envidia y dolor ante el embarazo de otras personas, que parte de noticias de gente cercana, y de la de llorar al ver bebés en la calle, que habla de lugares cotidianos, aquí el escenario es la consulta, con alguien de quien dependes y a quien, además, quizá aprecias de verdad.
Una sorpresa en el peor sitio posible
Una consulta es un espacio donde te expones: cuentas intimidades, esperas resultados, tomas decisiones. Que en ese mismo espacio aparezca un embarazo puede removerte de una forma distinta a un anuncio en el grupo de amigas, porque no puedes bajar el volumen ni contestar más tarde.
Puede que sientas un vacío rápido, calor en la cara, ganas de llorar o una especie de calma rara de la que no te fías. También puede que el golpe llegue horas después, en el coche o en casa. Cualquiera de esas formas es tuya.
Respeto y dolor al mismo tiempo
Puedes alegrarte por esa persona, valorar su trabajo, agradecerle lo que ha hecho por ti y, a la vez, sentir que algo se te encoge por dentro. No son sentimientos que se cancelen entre sí: pueden convivir en la misma tarde, en la misma frase. Que duela no resta nada a tu agradecimiento, y que agradezcas no te obliga a que no duela.
Quizá aparezca además la culpa de sentirte desagradecida con quien te cuida. No estás reprochando nada a nadie: solo notas lo que te pasa dentro, y eso puede doler sin que haya culpables.
Si te cuesta poner en orden lo que sientes, puedes hacer una lista libre en una nota del móvil o en una libreta: frases sueltas sobre lo que ha pasado en la consulta, en el orden en que te vengan, sin título y sin releerlas después. Pueden ser cortas o largas, de agradecimiento, de enfado o de nada en particular. No hace falta que nada se resuelva ni que la guardes.
Qué puedes hacer en el momento
No existe una conducta correcta para esos minutos. Puedes contestar con una frase cortés y verdadera, como «Gracias por contármelo», y seguir con la cita. Puedes pedir un momento, o tomarte unos segundos antes de responder. Y puedes dejar para otro día lo que no te salga hoy, apuntándolo para la próxima visita.
Si las lágrimas llegan, pueden llegar sin más. Lo que piensa la otra persona queda fuera de tu alcance, y no hace falta que lo adivines. Después, puedes quedarte unos minutos en la sala o llamar a alguien de confianza.
Si prefieres que te atienda otra persona
Puede que, tras ese día, notes que a partir de ahora te costaría ir a esa consulta, o que prefieres pensarlo. También puede que no lo necesites, y está igual de bien. Si te apetece, puedes preguntar a tu clínica si existe la posibilidad de que te atienda otra persona del equipo, sin dar por hecho que sea posible ni que sea la mejor opción. Una frase verdadera y sencilla podría ser: «Estoy pasando por un momento sensible y me gustaría saber si, para algunas citas, podría atenderme otra persona».
También puedes mantener a la misma profesional y pedir algo más pequeño, como preguntar a tu clínica si es posible que te avisen de quién estará en cada cita o que te cuenten con antelación cualquier cambio. Y, si esto remueve la sensación de ser un expediente, quizá te interese sentirte un número en la clínica y cómo pedir el trato que necesitas, o, si el cambio llega de verdad, cambio de médico durante el tratamiento.
Cómo contárselo a tu pareja o a quien te acompaña
Puedes contárselo en cuanto salgáis o dejarlo para más tarde. Si no sabes por dónde empezar: «Hoy me ha pillado de sorpresa lo del embarazo y todavía lo estoy asimilando» o «No necesito que me digas nada, solo quería que lo supieras».
Si tu pareja ha vivido el momento de otra manera, puede que lo cuente distinto. Podéis preguntaros qué ha sido más difícil del rato para cada persona y escuchar sin completar la respuesta de la otra. El coaching no es terapia, así que, si la conversación os supera, podéis buscar apoyo profesional.
Lo que puedes hacer después
Pasada la cita, puedes hacerte una pregunta abierta, sin prisa por responderla: ¿qué necesito hoy que nadie me ha preguntado? Puede ser descanso de las citas, que alguien te acompañe a la próxima, hablar en voz alta o simplemente dejar pasar una tarde sin tener que explicar nada. Si te apetece, puedes dejar apuntadas en una nota las preguntas que quieras llevar a la próxima visita, para no depender de la memoria si ese día vuelve a removerte algo.
Si estos momentos te dejan una tristeza que no se va, te apartan de lo que antes hacías o sientes que no puedes con ello a solas, habla con un profesional de la salud mental o con tu médico o médica de cabecera.
Preguntas frecuentes
¿Es una falta de respeto sentirme mal si mi ginecóloga está embarazada?
Sentir dolor no es una falta de respeto hacia nadie. Puedes valorar a esa profesional y, a la vez, notar que algo se te remueve. Lo que sientes no dice nada malo sobre ella ni sobre ti.
¿Puedo pedir que me atienda otra persona sin dar explicaciones?
Puedes preguntar a tu clínica si es posible, sin dar por hecho que lo sea. Si quieres, puedes decir solo que atraviesas un momento sensible; no tienes por qué dar más detalles que los que te apetezca compartir.
¿Y si no siento nada en el momento y luego me hundo?
Las reacciones pueden llegar en distintos momentos: en la consulta, en el coche o días después. Si te ocurre, puedes darte permiso para sentirlo cuando llegue, y contárselo a alguien de confianza si te apetece.
¿Cómo vuelvo a la consulta después de ese día?
Puedes ir a tu ritmo: llevar tus preguntas escritas, pedir que te acompañe alguien o avisar de que ese día te cuesta. Qué hacer en cada cita es una decisión tuya, y puede cambiar de una visita a otra.
Para darle forma con alguien a lo que te removió en la consulta, María Teresa ofrece la consulta individual, una sesión online de 60 minutos, única, sin compromiso de continuar y sin guion cerrado, para ordenar lo que necesitas ordenar ahora mismo.