Hay procesos que ocurren en una casa tranquila y otros que ocurren en medio de todo: hijos que te necesitan, padres que ya no se valen solos, una pareja que también atraviesa algo, alguien que depende de ti para lo básico. Si cuidas de otras personas y, además, estás en un tratamiento o en la búsqueda de un embarazo, tu proceso puede quedarse sin tiempo, sin sitio y, a veces, sin permiso.
Aquí no encontrarás una forma de organizar la semana, ni nada sobre tratamientos o pruebas, ni una valoración de tu situación: eso no se puede hacer desde un texto. Tampoco sustituye a un profesional de la salud mental. Frente a lo ya escrito sobre pedir apoyo, hablar con tus hijos o la infertilidad secundaria, este texto mira un único punto: qué le pasa a tu proceso cuando eres, además, quien sostiene a otros, y qué hacer con la culpa y el cansancio que nadie ve.
Tu proceso, al final de la lista
Quizá lo reconozcas en cómo hablas de ti: «ya me ocuparé de mí cuando pase esto», «ahora no es momento de quejarme», «los demás lo tienen peor». Si cuidas a otras personas, tu atención puede estar repartida antes de que llegues tú. Repartirla entre lo que otros necesitan y lo que te pasa a ti no tiene una fórmula, pero sí puedes mirar en qué lugar de la fila has puesto tu proceso.
Con esa posición aparece la culpa de pedir tiempo. Pedir una tarde para una cita, un día para recomponerte o un rato en que nadie te necesite puede sentirse como quitarle algo a quien depende de ti. Puede que tu cabeza lo formule con una pregunta dura: «¿quién soy yo para pedir más?». Sentir culpa no demuestra que estés haciendo algo mal. Y necesitar tiempo para tu proceso puede ser verdad al mismo tiempo.
El cansancio que nadie ve
Cuidar ya cansa, y un proceso de fertilidad suma citas, esperas y emociones que se llevan por dentro. Desde fuera se ve que cumples: llegas, atiendes, respondes. Lo que cuesta no siempre se ve. Si nadie lo nota, puedes llegar a pensar que no tienes motivo para quejarte o que tu cansancio sería una carga más sobre la de todos.
Qué ven los demás y qué piensan de ti no lo sabes con certeza, y no tienes que demostrar tu cansancio para que cuente. A veces lo que pesa no es la tarea, sino la soledad dentro de ella: ser la persona a la que acuden todos y no tener a quién acudir. Si te reconoces, quizá te interese leer Sentirte sola en el tratamiento de fertilidad: cómo encontrar compañía.
Soltar, delegar, pedir: lo que remueve cada verbo
Parecen verbos prácticos, pero cada uno puede remover algo distinto. Soltar puede sentirse como abandonar: dejar de hacer lo que siempre hiciste tú, aunque sea durante unos meses, puede hacerte dudar de quién eres para los demás. Delegar puede traer la sensación de que nadie lo hará como tú, o de que molestas. Pedir puede tocar el orgullo de ser quien siempre da, y también el miedo a oír un no.
Ninguno exige que lo resuelvas hoy, ni todos a la vez. Puedes quedarte con preguntas abiertas, sin apuntar nada:
- ¿Cuál de estos verbos me cuesta más, y desde cuándo?
- ¿Qué echaría de menos si dejara de hacerlo yo?
- ¿Qué me aliviaría que otra persona se llevara, aunque lo hiciera a su manera?
- ¿A quién me costaría menos pedírselo, y a quién llevo tiempo evitando pedírselo?
Puedes empezar pensando en personas antes que en tareas. Si quieres ideas para formular una petición, tienes cómo pedir a quien te quiere el apoyo que necesitas durante la búsqueda de embarazo.
Una lista que no vas a enviar
Hay un gesto pequeño que no necesita preparación. En la nota del móvil o en un papel, escribe sin enviar a nadie una lista libre de lo que no cabe en tu semana: citas, tareas, ganas, descansos que no llegan. No hace falta ordenarla, ni que sea justa, ni que alguien la lea. Puede salir corta, torpe o incompleta.
Tú decides qué haces con ella: guardarla, tirarla o enseñar una sola línea a alguien. Si ahora no tienes con quién hablarla, puedes llevar a un espacio aparte de tu entorno una pregunta sacada de esa lista: «¿qué de todo esto necesito que alguien sepa?».
Avisar a tu entorno y permitirte no poder con todo
Avisar no es pedir permiso. Es contar que, durante un tiempo, tu proceso ocupa un lugar y que quizá no estés igual de disponible. Puedes hacerlo con frases verdaderas y breves: «Estos meses estoy en un proceso que me exige mucho y puede que no llegue a todo». «Hay semanas en que diré que no a cosas a las que antes decía que sí». Cada persona lo recibirá a su manera.
Permitirte no poder con todo puede ser lo más difícil. Cuando eres quien cuida, puede costar admitir que hay días en que no llegas. Puedes cuidar y, a la vez, estar al límite: ambas situaciones pueden coincidir en una misma semana. No poder con todo no quita valor a lo que das y no tiene por qué querer decir que lo hagas mal.
El coaching no es terapia ni trata trastornos. Si el cansancio te desborda, si sientes que no puedes sostener tu día a día o aparecen pensamientos de hacerte daño, acude a un profesional de la salud mental.
Si hay peligro inmediato, llama al 112 (en España) o a los servicios de emergencia de tu zona; en España, la línea 024 atiende a personas con pensamientos suicidas.
Entre tantas personas a las que atender, tu proceso puede seguir teniendo un sitio, aunque sea pequeño, y puedes empezar por decir en voz alta que existe.
Preguntas frecuentes
¿Puedo sentir enfado o cansancio hacia la persona que cuido?
Puedes sentir cansancio, enfado o ganas de que alguien te releve sin dejar de querer a quien cuidas. Una emoción no anula el cariño. Si esos sentimientos te desbordan, un profesional de la salud mental puede acompañarte.
¿Cómo le explico a quien cuido que necesito tiempo para mi proceso?
Depende de quién sea y de lo que pueda entender, y eso lo conoces tú. Puedes usar frases verdaderas y breves, sin dar más detalles de los que quieras, por ejemplo: «Voy a una cita y vuelvo después». Cómo reaccione queda abierto, y puedes repetirlo otro día con otras palabras.
¿Qué hago si nadie ve lo que estoy pasando?
Puedes decir una frase a una persona concreta en vez de esperar a que lo note: «Estoy más cansada de lo que parece». Es una opción, no una obligación, y no tiene por qué ser quien más cerca esté de ti. Si lo prefieres, también puedes llevarlo a una consulta.
¿Tiene sentido hablar de mi cansancio si lo de la persona que cuido es más grave?
Compararlo no es requisito para hablar de ello. Tu cansancio puede existir junto a la situación de quien cuidas. Puedes llevarlo a alguien de confianza o a una consulta, sin tener que demostrar antes que lo tuyo «cuenta».
Para darle un lugar a todo esto, María Teresa ofrece la consulta individual: una sesión online de 60 minutos, única, sin compromiso de continuar y sin guion cerrado, para ordenar lo que necesitas ordenar ahora mismo. Para otras miradas cercanas, tienes hablar con tus hijos del tratamiento de fertilidad, la infertilidad secundaria y los días de más citas y revisiones.