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Soledad · Fertilidad · Compañía

Sentirte sola en el tratamiento de fertilidad: cómo encontrar compañía

Puedes tener pareja, familia y amistades cerca y aun así sentir que nadie entiende lo que vives. Esa soledad tiene nombre, admite matices y también formas de acompañarla a tu ritmo.

Por María Teresa Ramos Martínez ·

Quizá hay personas que te quieren y te preguntan cómo estás, y sin embargo, cuando contestas, notas que lo importante se queda sin decir. O quizá ya has dejado de contarlo para no cansar a nadie. Sentirte sola en mitad de un tratamiento no significa que estés rodeada de gente que no se esfuerza; a veces significa que lo que vives es difícil de traducir a palabras ajenas.

Este artículo no explica ningún aspecto médico ni dice cómo debería ser tu red de apoyo. Tampoco diagnostica nada ni sustituye la atención psicológica o sanitaria. Su intención es más modesta: ayudarte a ponerle nombre a esa soledad, ver qué tipos de compañía existen y preparar algunas frases para pedir lo que necesitas.

Por qué «nadie lo entiende» puede sentirse tan cierto

Hay una soledad que viene de no tener a nadie cerca, y otra que aparece con gente alrededor. La segunda puede surgir cuando lo que te ocupa la cabeza cada día no encaja en las conversaciones habituales: las citas, las esperas, las decisiones a medias, lo que callas en una comida familiar. Quien no lo ha vivido puede escucharte con cariño y aun así no saber qué preguntar.

También puede pesar lo contrario: el miedo a que, si lo cuentas, te den consejos, comparen tu caso con otro o te pidan que pienses en otra cosa. Entonces eliges callar, y el silencio añade distancia. No hace falta decidir si «nadie lo entiende» es del todo verdad. Puedes quedarte con una versión más pequeña y más útil: ahora mismo me falta alguien con quien hablar de esto sin tener que explicarlo todo.

Si quieres leer sobre cómo este proceso puede vivirse sin que se note desde fuera, está el artículo sobre la infertilidad invisible. Aquí interesa otra pregunta: qué puedes hacer con la soledad que ya sientes.

Tres tipos de compañía, y ninguno es obligatorio

No hace falta tener las tres, ni elegir una de por vida. Puedes probar una y cambiar.

  • Una persona de confianza. Alguien concreta, no «todo el mundo». Puede ser una amiga, una hermana, un compañero de trabajo o tu pareja. Lo que la hace valiosa no es que sepa mucho del tema, sino que pueda escucharte sin apresurarse a arreglarlo.
  • Un grupo de personas en situaciones parecidas. Aquí lo que se busca es no explicar desde cero. Hay grupos de distintos formatos y cada uno funciona a su manera; algunos permiten asistir a un encuentro y escuchar; pregunta antes cómo funciona cada uno. El Círculo de mujeres que crean vida, el espacio grupal de María Teresa, es una opción más: consulta su formato y disponibilidad. Está pensado para mujeres que viven procesos de fertilidad y búsqueda de maternidad.
  • Apoyo profesional. Si el malestar es intenso o se mantiene, la persona adecuada es un profesional de salud mental. Para ordenar lo que sientes y preparar conversaciones, también existe el acompañamiento emocional no clínico, que no diagnostica ni trata. En cómo saber si necesitas apoyo emocional tienes preguntas para distinguir qué te conviene.

Cómo pedir lo que necesitas, con frases concretas

Pedir «apoyo» en general puede dejar a la otra persona sin saber qué hacer. Una petición pequeña y específica le da un camino. Puedes adaptar estas frases o inventar las tuyas:

  • «No necesito consejos hoy; necesito que me escuches un rato.»
  • «Tengo una cita esta semana. ¿Puedo escribirte después, aunque sea para no decir nada?»
  • «Cuando me preguntes cómo voy, prefiero que me digas “¿quieres hablar de ello o de otra cosa?”.»
  • «Hoy no me apetece hablar del tratamiento, pero sí quedar contigo.»
  • «Me ayudaría que no compartieras con otras personas lo que te cuento.»

Puede que la persona no responda como esperas. Eso no cancela tu derecho a haber pedido. Si quieres que quien te rodea sepa mejor cómo acompañarte, puedes compartir con ella el artículo sobre cómo apoyar a alguien con infertilidad, sin necesidad de añadir nada más.

Pequeños rituales de cuidado para los días solos

No son tareas ni obligaciones; son opciones por si alguna te sirve.

  • Escribir cada noche una línea sobre cómo ha sido el día, sin corregirla.
  • Dejar preparada una lista corta de personas a quienes podrías escribir un mensaje, para no tener que pensarlo cuando estés cansada.
  • Elegir un lugar o una actividad que no tenga relación con el proceso y que sea solo tuya.
  • Anotar antes de una cita médica qué quieres preguntar, y quién te gustaría que supiera cómo ha ido.
  • Salir a caminar con alguien que acepte no hablar del tema.

Si algún día no haces ninguno, no pasa nada. Los rituales están para sostenerte, no para evaluarte.

Cuando lo haces sin pareja

Si estás transitando este camino sola, por elección o por circunstancias, la soledad puede tener otro peso: no hay nadie en casa con quien repasar el día, y las decisiones o las esperas recaen en ti. Eso no te convierte en menos capaz, pero sí puede hacer más necesario pensar de antemano a quién acudirás.

Puede ayudarte nombrar por escrito a dos o tres personas y qué tipo de apoyo te daría cada una: compañía en una cita, una llamada tras una noticia, ayuda práctica en una semana difícil. El artículo sobre maternidad en solitario por elección profundiza en cómo dar espacio a esas preguntas.

Si la soledad se vuelve muy pesada

Si sientes que la soledad te desborda, que no tienes ganas de nada durante días o que tienes pensamientos de hacerte daño, habla cuanto antes con un profesional de salud mental o con tu médico o médica. Si hay peligro inmediato, llama al 112 (en España) o a los servicios de emergencia de tu zona; en España, la línea 024 atiende a personas con pensamientos suicidas. Pedir ayuda no significa que lo estés haciendo mal.

Preguntas frecuentes

¿Por qué me siento sola aunque tenga pareja y familia?

Porque estar acompañada y sentirse comprendida no siempre coinciden. Puede ayudarte decir a una persona concreta qué necesitas, o buscar a alguien que viva algo parecido. Si el malestar es intenso, consulta con un profesional.

¿Tengo que contárselo a todo el mundo para no estar sola?

No. Puedes elegir a una o dos personas y decidir qué compartes con cada una. Contar menos también es una forma legítima de cuidarte, siempre que no te deje sin ningún apoyo.

¿Sirve un grupo si no me gusta hablar delante de otras personas?

Depende de ti y del formato. Puedes preguntar antes cómo funciona cada grupo y si permite escuchar primero. Si un grupo no te encaja, no es un fallo tuyo; puede haber otras formas de compañía.

¿Esto sustituye la atención psicológica?

No. Este artículo es orientativo y el coaching no trata trastornos. Si la tristeza o la ansiedad te desbordan, busca a un profesional de salud mental.

Si te gustaría explorar la compañía en grupo, puedes conocer el Círculo de mujeres que crean vida. Y si lo que necesitas ahora es poner nombre a lo que sientes antes de contárselo a alguien, puede servirte volver a este texto sobre lo que no se ve.

Compañía entre mujeres

No tienes que explicarlo todo desde cero

Un espacio en grupo para compartir lo que vives con otras mujeres que recorren caminos parecidos.