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Autoestima · Identidad · Cuerpo

Autoestima y fertilidad: cuando sientes que estás rota

Hay una voz interior que dice «fallo», «no valgo» o «mi cuerpo no sirve». Puedes escucharla sin darle la razón y buscar otra manera de hablarte mientras vives este proceso.

Por María Teresa Ramos Martínez ·

Quizá te hayas sorprendido pensando que estás rota, que eres defectuosa o que tu cuerpo no sirve para lo que más deseas. Puede aparecer tras una cita, un resultado, un anuncio de embarazo ajeno, o sin motivo aparente, en mitad de un día cualquiera. Que el pensamiento llegue con mucha fuerza no lo convierte en una verdad sobre ti.

Este artículo no explica qué ocurre en tu cuerpo, ni si algo «funciona» o «falla» clínicamente, ni afirma lo contrario. Eso corresponde a tu equipo médico. Aquí hablamos de otra cosa: de la voz que te juzga y de cómo separar lo que vales como persona de lo que pasa en tu proceso reproductivo.

Escucha lo que te dices, palabra por palabra

Durante un tiempo, apunta las frases exactas que te repites. No hace falta suavizarlas ni corregirlas: «no valgo», «soy la única que no puede», «me siento defectuosa». Verlas en el papel permite notar que son frases con autor, que es tu propia mente, y no sentencias dictadas por nadie.

Después puedes preguntarte con curiosidad, no como examen: ¿cuándo aparece más esta frase? ¿Qué pasó justo antes? ¿Qué necesitaría oír en ese momento? A veces detrás de «no valgo» hay cansancio, miedo o ganas de que alguien te diga que sigues siendo tú.

También puedes observar en qué momentos se vuelve más ruidosa: al comparar tu situación con la de otras mujeres, al leer un mensaje del grupo de amigas o al salir de una consulta. Notar esos momentos no sirve para vigilarte, sino para saber cuándo te vendría bien un descanso, una pausa o un poco de compañía.

Valer como persona y lo que pasa en tu proceso son cosas distintas

En una búsqueda larga, el deseo de ser madre puede ocupar tanto espacio que parezca el único criterio para medirte. Pero un resultado, bueno o difícil, no es un veredicto sobre tu carácter, tu amor o tu valor. Puedes querer algo con toda tu alma y, a la vez, seguir teniendo valor sin conseguirlo.

Un ejercicio que algunas personas encuentran útil es escribir una lista titulada «Quién soy más allá de esto». Puedes incluir tus cualidades, lo que haces bien, las personas que te importan, lo que te hace reír, tus oficios, tus manías queridas. No tiene que ser larga ni ordenada. Si un día solo sale una línea, vale. Guárdala donde puedas releerla cuando la otra voz suba el volumen.

Háblate como le hablarías a una amiga

Imagina que una amiga te cuenta exactamente lo que tú te dices. ¿Le responderías «es verdad, estás rota»? Probablemente buscarías otras palabras. Prueba a escribirte esa respuesta, con su tono y su cuidado, sin exigirte creerla del todo.

  • «Estás pasando por algo muy duro y es lógico que duela».
  • «Lo que sientes importa, aunque ahora no puedas cambiarlo».
  • «No tienes que ganarte el cariño con ningún resultado».

Otro ejercicio es una carta a tu cuerpo. Puede ser de enfado, de cansancio, de reproche o de agradecimiento por lo que sí hace cada día; puede tener todos esos tonos a la vez. No hay que enviarla ni enseñarla. Escribirla sirve para ver con qué palabras le hablas y si quieres cambiar alguna.

Si te ayuda, completa por escrito alguna de estas frases y vuelve a ellas otro día:

  • «Cuando pienso que estoy rota, en realidad tengo miedo de…».
  • «Una persona que me quiere diría de mí que…».
  • «Hoy puedo tratar a mi cuerpo con un poco más de…».

No se trata de llegar a una respuesta brillante. Se trata de abrir un pequeño espacio entre tú y la frase que te hiere, para que no sea la única que habla.

Cuando el lenguaje de la consulta te hiere

A veces las palabras con que se nombran las pruebas, los resultados o las opciones pueden sonar a juicio sobre ti. Si una expresión te deja con la sensación de ser un caso perdido o una pieza averiada, puedes decirlo. Anota antes qué frase te dolió y qué te gustaría que cambiara.

Puedes pedir a tu clínica cosas como: «¿Podéis explicármelo con otras palabras? Cuando lo expresáis así, me cuesta no sentir que la culpa es mía», o «Me ayudaría que me hablarais de mí como persona y no solo de resultados». Pedir otro trato no cuestiona la información médica, que seguirá siendo la que corresponda a tu caso; solo cuida la forma en que te llega.

Cuándo conviene pedir ayuda profesional

Si la sensación de no valer te desborda, se mantiene durante días, te impide hacer tu vida o te lleva a pensar que no merece la pena seguir, habla con un profesional de salud mental cualificado o con tu médico de cabecera. El coaching no trata trastornos ni sustituye la atención psicológica o médica. Si hay peligro inmediato, llama al 112 (en España) o a los servicios de emergencia de tu zona; en España, la línea 024 atiende a personas con pensamientos suicidas.

Si hoy no te sale hablarte con amabilidad, no pasa nada: puedes empezar por algo más modesto, como dejar de añadir adjetivos. En lugar de «mi cuerpo es un desastre», prueba con «hoy me duele esto» o «hoy estoy cansada de esperar». Describir lo que ocurre sin ponerle un veredicto no lo arregla, pero te quita una carga extra. Con el tiempo puedes ir sumando frases más amables, a tu ritmo y sin exigirte sentirlas de golpe.

Preguntas frecuentes

¿Qué hago si no consigo creerme las frases amables que me escribo?

No tienes que creértelas del todo. Pueden servir como una segunda voz que convive con la primera. Prueba con frases más pequeñas y más cercanas a lo que sientes, como «hoy me cuesta, y sigo aquí».

¿Es egoísta dedicar tiempo a mi autoestima mientras el tratamiento ocupa tanto?

Cuidar cómo te hablas no compite con tu proceso ni con tus decisiones médicas. Puede ser una forma de acompañarte mientras lo vives, a tu ritmo y sin añadir una nueva obligación.

¿Qué hago si mi pareja o mi familia me dicen que exagero?

Puedes explicar que no buscas que te lo arreglen, sino que te escuchen: «No necesito que me lleves la contraria, necesito que me oigas». Si no pueden, quizá otro espacio o persona te sirva mejor para esta conversación.

¿Puede ayudarme un acompañamiento emocional con esto?

Puede ofrecer un lugar para poner palabras a lo que sientes y pensar qué apoyo necesitas. No diagnostica ni garantiza ningún resultado, y no reemplaza la atención psicológica.

Si esa voz se mezcla con la vergüenza por cómo ves tu cuerpo, quizá te acompañe este texto sobre imagen corporal durante el tratamiento. Si lo que pesa es la idea de haber hecho algo mal, puedes leer sobre culpa y autorreproche, y si todo ello se acumula, tienes una mirada general al impacto emocional y otra sobre cuándo pedir apoyo. Cuando quieras hacerlo con compañía, María Teresa ofrece un acompañamiento emocional 1:1 a tu ritmo.

Acompañamiento individual

Tu valor no depende de ningún resultado

Si quieres un espacio continuado para hablar de cómo te ves en este proceso, puedes conocer el acompañamiento 1:1 de María Teresa.