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Fertilidad y emociones

El impacto emocional de la infertilidad

Recibir un diagnóstico puede mover más que una agenda de pruebas. También puede tocar la identidad, los vínculos y el futuro que habías imaginado.

Por María Teresa Ramos Martínez ·

Mujer sentada junto a una ventana, apoyada sobre una mano

Hay consultas que duran pocos minutos y, aun así, dejan muchas preguntas. Quizá entras esperando una explicación sencilla y sales con informes, opciones por valorar y una palabra que no imaginabas escuchar. Puede costar recordar todo lo que te han explicado. No tienes que resolver cada decisión ese mismo día.

Una noticia que puede tocar más que el cuerpo

Cuando se habla de infertilidad, a menudo la conversación se centra en pruebas, citas y tratamientos. Pero para quien lo está viviendo también puede cambiar la forma de mirar el futuro. Tal vez habías imaginado cómo sería formar una familia, en qué momento ocurriría o qué lugar ocuparía en tu vida. Si ese camino se vuelve incierto, es comprensible que aparezcan preguntas sobre tus planes y sobre ti.

Para algunas personas se parece a una pérdida de ese futuro tal como lo habían imaginado; para otras, se siente de otra manera. No existe una reacción única ni una manera correcta de atravesar esta noticia. Puedes sentir tristeza, enfado, miedo, confusión, alivio por tener una explicación o varias cosas a la vez.

No eres un diagnóstico

En medio de consultas y resultados, es fácil que la fertilidad ocupe mucho espacio en la cabeza. Eso no significa que el diagnóstico explique quién eres ni que mida tu valor. Sigues siendo una persona con relaciones, intereses, decisiones y una vida que no se reduce a este proceso.

No hace falta obligarte a «pensar en otra cosa» para demostrar que estás bien. A veces ayuda preguntarte qué necesitas hoy, qué información quieres pedir en la próxima cita y qué parte de tu vida te gustaría proteger, aunque sea con un gesto pequeño.

En pareja, cada persona puede vivirlo a su ritmo

Si estás en pareja, quizá no sintáis lo mismo al mismo tiempo. Una persona puede querer hablar enseguida y la otra necesitar silencio; una puede buscar información mientras la otra intenta asimilarla. Las diferencias no significan que a una le importe menos. Pueden ser formas distintas de enfrentarse a la incertidumbre.

En vez de adivinar lo que necesita la otra persona, podéis probar con una pregunta sencilla: «¿Quieres que te escuche, que pensemos opciones o prefieres que hoy lo dejemos aquí?». También es válido pedir un espacio individual. El acompañamiento puede ser para una persona o para una pareja, según lo que cada una necesite.

No tienes que encontrar una respuesta para todo hoy

Puede ayudar separar las preguntas médicas de las emocionales. Las dudas sobre pruebas, diagnóstico u opciones de tratamiento puedes llevarlas al equipo sanitario. Para ordenar lo que sientes, quizá te sirva escribirlo, hablar con alguien de confianza o pedir apoyo a un profesional con experiencia en fertilidad.

La guía de atención psicosocial de ESHRE recuerda que las necesidades emocionales y relacionales pueden cambiar a lo largo del proceso. Y la Sociedad Estadounidense de Medicina Reproductiva (ASRM) explica que, si el malestar se prolonga o te desborda, puede ser útil consultar con un profesional de salud mental.

Si estás atravesando infertilidad, no tienes que convertir lo que sientes en una tarea más que hacer bien. Puedes ir paso a paso, pedir que te expliquen de nuevo lo que necesites y buscar un espacio donde hablar sin que te exijan tener una respuesta.

El acompañamiento emocional no sustituye la atención médica ni psicológica. Si quieres conocer el espacio de acompañamiento 1:1 en fertilidad, aquí puedes leer cómo funciona.

Acompañamiento emocional

No tienes que ordenar todo a solas

Conoce el acompañamiento 1:1 y valora con calma si encaja contigo.