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Salud emocional · Señales · Apoyo

Depresión e infertilidad: señales para pedir apoyo

La tristeza intensa y el desánimo pueden acompañar a la búsqueda de un embarazo. No es debilidad, y no tienes que esperar a «estar peor» para hablar con un profesional.

Por María Teresa Ramos Martínez ·

Si buscas «depresión e infertilidad», quizá llevas tiempo sintiéndote apagada, sin ganas o con un peso que no sabes nombrar. Vivir una búsqueda que no llega, un tratamiento o una pérdida puede traer tristeza profunda, cansancio y desánimo. Sentirlo no te hace débil ni desagradecida.

Este artículo no diagnostica, no te dice si lo que te pasa es o no una depresión, ni explica causas, tratamientos o cifras. Eso corresponde a un profesional de salud mental o a tu médico o médica de cabecera. Aquí encontrarás señales que justifican pedir ayuda, ideas para ese primer paso y formas en que tu entorno puede acompañarte.

Si estás en peligro inmediato, o piensas en hacerte daño ahora, llama al 112.

En España también existe la línea 024 de atención a la conducta suicida, gratuita, confidencial y disponible las 24 horas, todos los días del año. Puede usarla quien tenga pensamientos de suicidio y también sus familiares o personas cercanas.

La tristeza también forma parte del camino

La guía de atención psicosocial de ESHRE describe las necesidades psicosociales que las personas pueden experimentar a lo largo del recorrido de los tratamientos de fertilidad, y que los equipos deberían detectar y atender. Es decir, cuidar cómo te sientes forma parte de la atención que mereces durante el proceso, no un extra que tengas que justificar.

Ponerle nombre a lo que vives puede ser un primer alivio. Hay emociones que se parecen entre sí, y no te corresponde a ti decidir si lo tuyo «es depresión». Lo que sí puedes hacer es observar cómo estás y contárselo a quien pueda valorarlo.

Señales que justifican hablar con un profesional

No hace falta que se cumplan todas. Si alguna te resulta familiar, merece una conversación con un profesional de salud mental o con tu médico de cabecera, cuanto antes:

  • La tristeza o el vacío no ceden con los días, o van a más.
  • Has perdido el interés por casi todo, incluso por lo que antes te gustaba.
  • Te cuesta cumplir con el día a día: levantarte, comer, dormir, trabajar o cuidar de ti.
  • Te aíslas y evitas a las personas que quieres.
  • Sientes que no vales, que eres una carga o que no hay salida.
  • Aparecen pensamientos de hacerte daño o de que sería mejor no estar.

Si aparecen pensamientos de hacerte daño, no esperes a la próxima cita: usa el aviso de arriba, o cuéntaselo hoy mismo a alguien cercano.

Cómo preparar esa primera conversación

A veces lo más difícil es empezar. Puedes escribir antes, en una nota, tres cosas: desde cuándo te sientes así, qué ha cambiado en tu día a día y qué te preocupa más. Después léela en voz alta o entrégala tal cual.

Algunas frases que pueden servirte: «Llevo semanas con mucha tristeza y no sé qué hacer con ella», «estoy en un proceso de fertilidad y me está costando sostenerlo» o «necesito que valoréis cómo estoy». Si estás en tratamiento, puedes preguntar a tu clínica si ofrece atención psicológica o si puede orientarte hacia un profesional con experiencia en fertilidad. Todo lo clínico, desde cómo valorar tu estado hasta qué opciones existen, lo decide el profesional que te atienda.

No hace falta hablar con tecnicismos ni «explicarlo bien». Puedes contar cosas cotidianas: que ya no disfrutas de lo que te gustaba, que te cuesta concentrarte en el trabajo o que has dejado de contestar mensajes.

Si hoy no te ves capaz de llamar, puedes pedir a alguien de confianza que te acompañe o que haga la llamada contigo al lado.

Qué puede hacer tu entorno

Si lees esto por alguien cercano, escuchar sin corregir ya es mucho. Preguntar «¿cómo estás de verdad?» y quedarse a oír la respuesta ayuda más que ofrecer consejos. Evita frases como «ánimo, ya llegará» o «tienes que distraerte».

Quien te quiere también puede ofrecer ayuda concreta: acompañarte a una consulta, hacer una gestión, preparar una comida o simplemente estar presente un rato. Y si te preocupa su seguridad, preguntarle con claridad y sin juzgar si piensa en hacerse daño puede abrir la conversación. Ante peligro inmediato, el aviso de arriba.

Si te cuesta pedir, ayuda que la petición sea pequeña y concreta, con fecha y hora. Por ejemplo: «¿puedes llamarme el jueves por la tarde, aunque no tenga mucho que contar?», «¿me acompañas a la cita del lunes y esperas fuera?» o «¿puedes preguntarme dentro de unos días cómo sigo?».

Tú también puedes decir qué necesitas: «hoy no quiero hablar de tratamientos», «solo necesito compañía» o «ayúdame a pedir cita».

La culpa por no estar agradecida ni feliz

Durante un tratamiento puede aparecer una voz que dice: «deberías estar agradecida, otras personas no tienen acceso a esto» o «con tanto esfuerzo, ¿cómo vas a estar triste?». Agradecer y sentirte mal pueden convivir; una cosa no cancela la otra, y no tienes que demostrar alegría para merecer cuidado.

Si te reconoces, puedes probar a escribir dos listas: lo que agradeces y lo que te pesa, sin que ninguna tenga que ganar. Y puedes preguntarte qué le dirías a una amiga que sintiera lo mismo. Llevar esas páginas a la consulta, sea con un profesional de salud mental o con tu médico de cabecera, también cuenta como información sobre cómo estás.

Un ejercicio pequeño para registrar cómo estás

Durante unos días, anota al final de la jornada tres líneas: cómo ha sido tu ánimo, qué te ha costado hacer y qué has podido hacer pese a todo. No es una prueba ni un diagnóstico. Es información propia que podrás compartir con quien te atienda y que te recuerda que tu experiencia merece ser escuchada.

Preguntas frecuentes

¿Puedo sentirme muy triste durante la búsqueda de un embarazo?

La tristeza intensa puede acompañar este camino y no habla de debilidad. Si dura, va a más o te impide vivir tu día a día, coméntalo con un profesional de salud mental o con tu médico de cabecera.

¿Cómo sé si lo que siento es depresión?

Este artículo no puede decírtelo, y tampoco tienes que averiguarlo sola. Un profesional puede valorar tu situación. Si dudas, la duda ya es motivo suficiente para consultar.

¿Puedo pedir ayuda aunque esté en pleno tratamiento?

Sí. Puedes contárselo a tu equipo médico y preguntar si ofrecen atención psicológica o a quién acudir. Es tu equipo quien puede orientarte sobre cómo encajarlo con tu tratamiento.

¿Sustituye el coaching a la atención psicológica?

No. El coaching no trata trastornos ni sustituye la atención psicológica o médica. Puede ser un espacio para ordenar lo que vives, siempre junto a, nunca en lugar de, la ayuda profesional que necesites.

Si quieres seguir leyendo, puedes ver el impacto emocional de la infertilidad, una guía para saber qué apoyo necesitas, cómo se vive la infertilidad invisible o el duelo por no ser madre. Y si buscas un espacio de conversación, puedes conocer la consulta individual.

Consulta individual

No tienes que sostenerlo sola

La consulta individual es un espacio para ordenar lo que sientes; el coaching no sustituye la atención psicológica ni médica.