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Duelo · expectativas · vivirlo

El duelo por el embarazo que imaginaste

Puedes estar agradecida por cómo van las cosas y, a la vez, triste por lo que imaginabas y no fue. Aquí tienes ideas para dar un lugar a esa tristeza sin tener que justificarla.

Por María Teresa Ramos Martínez ·

Hay duelos que no tienen un hecho al que señalar. No se ha ido nadie, no hay una fecha que marcar en el calendario, y aun así algo falta: la forma en que lo habías imaginado. Quizá tenías pensado cómo darías la noticia, quién estaría delante, qué guardarías de cada mes o cómo sería el primer día. Las escenas que habías imaginado estaban ahí, completas, y el camino real ha sido otro, o sigue siéndolo.

Este texto no habla de medicina ni de por qué tu camino ha sido el que ha sido: eso se lo preguntas a tu equipo médico. Tampoco te pide que estés agradecida, ni te promete que llegues a reconciliarte con nada. Frente al artículo Duelo por no ser madre: poner palabras a lo que sientes, que habla de despedirse de la maternidad, y a Rituales para cerrar un ciclo o un tratamiento: ideas para marcar el final, que propone gestos para un final concreto, aquí el foco es la tristeza por cómo no fue, aunque lo que ha llegado sea bueno.

Una pérdida que casi nadie ve

Quien te rodea puede ver el resultado: un positivo, un embarazo en marcha, un bebé en brazos, o también un intento que no salió. Lo que quizá nadie ve son las imágenes que llevabas dentro desde hacía tiempo. A veces las tenías desde mucho antes de buscar nada; otras, se fueron armando durante los meses de espera.

Cuando el camino se desvía de ellas, pueden doler cosas muy concretas. Que la noticia llegara por una llamada y no en casa. Que no pudierais vivirlo de forma espontánea. Que el momento de contarlo se llenara de cautela y no de risa. Que el camino pasara por consultas y calendarios y no por la intimidad que imaginabas. Que lo que ocurrió se parezca poco a lo que tenías pensado. Ninguna de estas tristezas necesita un motivo mayor para existir. Quizá además cueste decirlas, porque lo que falta no tiene nombre ni fecha y puede parecer que no hay un lugar donde ponerlas.

Tristeza y gratitud en la misma frase

A veces cuesta decirlo en voz alta porque suena a queja. Si las cosas van bien, puede aparecer el pensamiento de que no deberías lamentarte. Si van mal, puede parecer que tu tristeza se pierde dentro de otra más grande. En los dos casos, la pena por lo imaginado puede estar ahí, junto a la ilusión, la esperanza, el miedo o el cansancio.

Sentir una cosa no cancela la otra. Puedes querer con todas tus fuerzas lo que tienes o lo que estás intentando y, al mismo tiempo, echar de menos una versión que ya no va a ocurrir. Si te interesa ver cómo se mezclan emociones que parecen opuestas, hay un artículo sobre un positivo inesperado tras años de tratamiento y las emociones mezcladas, y otro sobre esperanza y miedo a ilusionarte.

Lo que tenía pensado: una lista sin orden

Una forma de dar lugar a este duelo es ponerlo por escrito. Abre una nota del móvil y titúlala «Lo que tenía pensado». Anota, sin orden y sin releer, todo lo que imaginabas: cómo ibas a darle la noticia a tu pareja o a quien fuera, quién estaría presente, dónde, qué fotos harías, qué frase dirías el primer día.

No hace falta que la lista tenga fecha de revisión, ni que la termines hoy. Puedes añadir líneas la semana que viene o dejarla quieta.

Cuando quieras, puedes volver a la lista y añadir líneas, o no abrirla más. Dejar una línea en blanco también es una respuesta: hay imágenes que solo piden haber sido escritas. Si te apetece, puedes llamar a alguien de confianza y leerle solo una línea, sin pedirle que opine ni que lo arregle, ni que te diga cómo deberías sentirte.

Cuando alguien dice «lo importante es el resultado»

Es una frase que puede llegar de personas que te quieren: «lo importante es el resultado», «lo que cuenta es que estás aquí», «ya se te olvidará cómo fue». Lo que hay detrás de cada una no se ve desde fuera. Lo que sí puedes decidir es si quieres contestar y cómo.

Respuestas posibles, para reescribir con tus palabras o dejar:

  • «Sí, el resultado importa muchísimo, y además echo de menos cómo imaginaba que sería».
  • «Hoy no necesito que lo arregles; solo quiero poder decirlo».
  • «Puedo estar contenta y triste a la vez».
  • «Prefiero no hablar de esto ahora, pero gracias por preguntar».

Tampoco tienes por qué explicarte. A veces basta con asentir y cambiar de tema, y reservar la conversación completa para quien sientas que puede recibirla.

Un duelo sin calendario

Si esta tristeza vuelve en algún momento concreto, como una fotografía de otra persona, la ecografía de alguien cercano, una conversación sobre cómo fue el embarazo de otras o una fecha, no significa que no lo hayas trabajado ni que debas haberlo superado. Tampoco hay obligación de cerrarlo del todo ni de ponerle plazo. Si compartes el camino con alguien, quizá sus imágenes fueran otras; no hace falta que coincidan para que las tuyas cuenten.

Si lo que sientes ocupa casi todo, te cuesta atender tu día a día o te preocupa su intensidad, habla con un profesional de salud mental. El coaching de fertilidad no trata trastornos ni sustituye la atención psicológica o médica.

Si hay peligro inmediato, llama al 112 (en España) o a los servicios de emergencia de tu zona; en España, la línea 024 atiende a personas con pensamientos suicidas.

Preguntas frecuentes

¿Puedo estar triste por cómo fue el camino si todo salió bien?

Sí. La tristeza por lo imaginado y la gratitud por lo que tienes pueden convivir. Una no demuestra que quieras menos lo que ha llegado, ni la otra que tu pena sea falsa. Puedes sentir las dos sin tener que elegir.

¿Es un duelo de verdad si no ha muerto nadie?

Lo que importa es que algo que esperabas no ocurrió y te duele. No necesitas un motivo mayor ni la aprobación de nadie para llamarlo duelo; también puedes llamarlo tristeza, nostalgia o cualquier palabra que te resulte tuya.

¿Qué hago si mi pareja no echa de menos lo mismo que yo?

Cada persona imagina cosas distintas, y puede que lo que a ti te pesa a tu pareja no se le haya ocurrido. Puedes contarle una sola cosa concreta de tu lista y preguntarle qué echa de menos, sin esperar que coincidáis.

¿Tengo que despedirme de estas imágenes para seguir adelante?

No. Puedes despedirte de alguna, dejar otras ahí o escribirlas y no volver a ellas. No hay un orden ni un número de imágenes que cerrar. Lo que hagas con tu lista es una decisión tuya, sin plazo.

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