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Esperanza · Miedo · Expectativas

Esperanza y miedo a ilusionarte: cómo convivir con las expectativas

Querer ilusionarte y querer protegerte de la caída pueden convivir en la misma semana, incluso en el mismo día. Aquí tienes ideas para mirar esa tensión sin resolverla a la fuerza.

Por María Teresa Ramos Martínez ·

Quizá te descubras pensando «no quiero ilusionarme» justo cuando más te estás ilusionando. O al revés: te prohíbes imaginar nada y, aun así, la cabeza dibuja escenas que luego intentas borrar. Si te pasa, no estás haciendo nada mal. Esperanza y miedo pueden ir de la mano, sobre todo cuando ya has vivido una espera que terminó mal.

Este artículo no habla de probabilidades, no predice resultados ni dice cómo conviene sentirse para que algo salga bien: no afirma que lo que sientas cambie o deje de cambiar lo que ocurra en tu tratamiento. Tampoco explica nada médico; para eso está tu equipo médico. Aquí encontrarás preguntas y ejercicios para cuidar tu manera de esperar.

La tensión entre ilusionarte y protegerte

Ilusionarte tiene un precio que ya conoces: si la noticia no llega, la caída puede doler más. Protegerte tiene otro: vivir la espera a medias, sin permitirte disfrutar de un buen día por si acaso. Ninguna de las dos opciones es gratis, y puedes sentirte tironeada entre ambas sin que eso signifique indecisión o debilidad.

Una pregunta que puede ayudarte: ¿de qué intento protegerme exactamente? A veces es del dolor de la noticia; otras, de la vergüenza de haber creído; otras, de tener que explicar a los demás que, otra vez, no ha sido. Cada miedo pide una respuesta distinta.

Prepararte para lo peor: una armadura con coste

«Prefiero esperar lo peor y así no me hundo» es una frase muy comprensible. Funciona como una armadura: te da la sensación de tener el control en medio de lo incierto. Pero una armadura pesa. Puede dejarte agotada de ensayar un final triste, cansada de vigilar tus propias ganas y sola con un temor que no cuentas a nadie.

Además, ensayar lo peor no tiene por qué cambiar cómo te sientas cuando llegue una noticia, y no hay forma de saberlo de antemano. Por eso quizá te sirva cambiar la pregunta. En lugar de «¿cómo evito sufrir?», puedes probar con «¿qué necesito para poder sostenerme sea cual sea la noticia?». La segunda no te pide adivinar nada.

Ilusión en dosis, no todo o nada

No tienes que elegir entre entregarte por completo a la esperanza o cerrarle la puerta. Puedes pensar en dosis: un rato al día para imaginar, si te apetece, y el resto del tiempo para tu trabajo, tus planes y tus personas. Puedes decidir también en qué terreno te ilusionas. Por ejemplo, ilusionarte con el próximo paso de la espera, como una cita o una llamada, no es lo mismo que fijar fechas o nombres.

Y puedes cambiar de dosis según el día. Alguna mañana la ilusión será grande y otra ni la encontrarás. Ninguna de las dos pasa a ser tu postura definitiva.

La ilusión no mide cuánto lo deseas ni lo que mereces

Hay una trampa silenciosa: pensar que, si te ilusionas «demasiado», sería un castigo merecido, o que, si te mantienes fría, tu deseo es menos auténtico. Ni lo uno ni lo otro es cierto. La cantidad de ilusión que sientes no mide cuánto quieres este embarazo ni cuánto te mereces uno.

Si notas que usas tu nivel de esperanza como una nota para ti misma, prueba a decirte: «Siento lo que siento, y mi deseo sigue siendo válido».

Un ejercicio de escritura en tres columnas

Coge una hoja y divídela en tres: lo que espero, lo que temo y lo que puedo sostener. Escribe sin filtrar y sin ordenar. Lo que esperas puede ser concreto («recibir una buena noticia») o pequeño («que la llamada no se retrase»). Lo que temes, también: la noticia, tener que contarlo, volver a empezar.

La tercera columna puede costar más de rellenar, y es la más práctica. Ahí caben cosas como estas:

  • Quién puede estar contigo el día de la noticia, sea cual sea.
  • Qué plan pequeño tienes para ese día y el siguiente.
  • Qué conversaciones prefieres posponer.
  • Qué has sostenido ya antes, aunque entonces no lo supieras.

No hace falta que las tres columnas cuadren ni que lo escrito sea cierto. Es un modo de ver la esperanza y el miedo a la vez, sin que una tape a la otra. Puedes repetir el ejercicio otro día y comparar.

Cuando tu pareja se ilusiona distinto

Quizá tu pareja se ilusione más deprisa, o se proteja más que tú. Eso puede doler: si tu pareja imagina nombres y tú te callas, puedes sentirte incomprendida; si tú esperas lo peor y tu pareja se aferra a la esperanza, puede sentirse frenado. Ninguna manera es mejor.

Algunas frases que pueden abrir la conversación sin pedir que el otro cambie:

  • «Cuando te ilusionas, a mí me da vértigo. No quiero que lo dejes, quiero que sepas por qué me callo».
  • «Necesito que me preguntes qué dosis de esperanza me va bien hoy».
  • «¿Qué necesitas tú de mí en esta espera? Yo necesito que no me pidas estar de otra manera».

Podéis acordar qué hacer si uno de los dos se hunde y el otro no, o si la noticia es difícil. Pactarlo antes puede ahorrar malentendidos después.

Si el miedo o la tristeza te desbordan, te impiden dormir o atender tu día a día, habla con un profesional de salud mental, ya que el coaching no sustituye esa atención. Si hay peligro inmediato, llama al 112 en España o a los servicios de emergencia de tu zona; si tienes pensamientos de hacerte daño, en España puedes llamar también al 024.

Preguntas frecuentes

¿Está mal ilusionarme durante la espera?

No. Ilusionarte no es un error ni una imprudencia. Puedes elegir cuánto y cuándo, y también cambiar de idea.

¿Prepararme para lo peor me protege?

Puede darte sensación de control, pero también cansancio. No hay forma de saber de antemano cuánto dolerá una noticia. Quizá te sirva más pensar qué apoyo necesitas, sea cual sea.

¿Cómo hablo con mi pareja si no nos ilusionamos igual?

Puedes empezar por contar qué hay detrás de tu manera de esperar y preguntar por la suya, sin pedir que cambie. Acordar de antemano cómo os apoyaréis puede ayudar.

¿Puede el coaching decirme qué esperar?

No. El coaching no predice resultados ni da información médica. Ofrece acompañamiento emocional para vivir la espera a tu manera.

Si quieres seguir leyendo, puedes ver cómo atravesar la espera de resultados sobre embriones, la ansiedad antes de una transferencia, el miedo que puede aparecer tras un positivo o cómo cuidarte tras una beta negativa. Para vivir la espera con compañía, está Beta Serena.

Para la espera

Esperar sin armadura

Si quieres compañía mientras esperas, Beta Serena es un espacio pensado para ese tramo.