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Ovodonación · Espera · Incertidumbre

La espera de una donante de óvulos: cómo vivir la incertidumbre

Esperar una noticia cuya fecha no decides tú puede mover la ilusión, la impaciencia y el miedo a la vez. Aquí tienes ideas para acompañarte mientras tanto, sin exigirte sentir nada en concreto.

Por María Teresa Ramos Martínez ·

Hay esperas que tienen un día marcado en el calendario y otras que no. Cuando aguardas a una donante de óvulos, el momento en que llegue el aviso puede no depender de ti, y mientras tanto el resto de tu vida sigue haciendo preguntas, cumpliendo años y organizando cenas. Esa mezcla de «ya falta menos» y «quizá falta mucho» puede cansar de una forma muy particular.

Este texto no habla de cuánto tarda cada cosa, de cómo se organiza ni de qué ocurre en cada paso: eso lo responde tu clínica o el servicio que te atiende. Tampoco te dice qué deberías sentir. Se queda en un único terreno, el de cómo puedes transitar la espera por dentro y con quienes te rodean.

Cuando la fecha no es tuya

No controlar el «cuándo» puede notarse en el cuerpo y en las pequeñas decisiones: mirar el móvil más veces de las que querrías, no comprar billetes, dudar si aceptar un plan para dentro de dos meses. A veces la cabeza hace cálculos que no llevan a ninguna parte, y otras la espera se queda en silencio durante semanas y de pronto vuelve con fuerza.

Puedes tratar esa falta de control como un hecho que te molesta, no como un fallo tuyo. Si hoy te pesa más que ayer, no significa que lo estés haciendo mal. Una pregunta que quizá te sirva: de todo lo que ocupa tu cabeza sobre la espera, ¿qué parte es una pregunta que puede contestar alguien (por ejemplo, tu clínica) y qué parte es incertidumbre que solo se puede acompañar? Separarlas en dos listas escritas no hace desaparecer la segunda, pero puede aliviar el peso de mezclarlas.

Imaginar a la donante, o no

Algunas mujeres y parejas se sorprenden pensando en ella: cómo será, qué habrá sentido, si sabrá lo que significa su gesto para ti. Otras evitan pensarlo del todo, o sienten una distancia que les extraña. Ninguna de las dos formas tiene que ser un indicio de nada.

Si te apetece, puedes dedicarle unas líneas en tu cuaderno sin que nadie las vaya a leer: lo que te gustaría poder decirle, lo que te inquieta de no conocerla, lo que sientes cuando oyes la palabra «donante». Si no te apetece, también vale. No tienes por qué encariñarte, agradecer ni sentir curiosidad antes de tiempo; tampoco tienes que reprimir esos sentimientos si aparecen.

Vivir entre dos duelos

Durante la espera pueden convivir dos tristezas distintas. Una es la de despedirte de la idea de un hijo o una hija con tu genética, de la que ya habla el artículo sobre dudas emocionales, duelo genético y vínculo. La otra es el duelo por el propio esperar: los meses que sientes detenidos, tu vida organizada alrededor de un aviso, las celebraciones que pasan sin ti en el lugar que habías imaginado.

Pueden mezclarse y confundirse entre sí. Quizá un día llores por una cosa y creas que lloras por la otra. Ponerles nombre por separado puede ayudarte a no sentir que «todo duele a la vez». Una frase de apoyo: «Esto que siento hoy es por la espera» o «esto que siento hoy es por lo que dejo atrás». A veces serán las dos, y puedes dejar que lo sean.

Una agenda con anclas, para que la espera no sea vida en pausa

A veces se aconseja «distraerse», pero distraerse no es lo mismo que vivir. Un formato distinto es construir una agenda de anclas: pequeños puntos fijos de tu semana que existen con aviso o sin él. No tratan de entretener la espera, sino de recordar que tu vida no está suspendida hasta que llegue el aviso.

  • Un punto fijo con una persona: un café, una llamada, un paseo que se repite el mismo día.
  • Un punto fijo contigo: leer, cocinar algo que te guste o salir a ver gente que no sepa nada de tu proceso.
  • Un punto fijo hacia delante, pero pequeño: algo para dentro de un mes que no dependa de ninguna fecha médica.

Si algún día no puedes con tu agenda, tampoco pasa nada: es un apoyo, no una tarea. Para seguir leyendo sobre este tema, tienes cuando sientes que tu vida está en pausa por la búsqueda y, sobre otra espera con sus propios nervios, cuidar lo que sientes en una lista de espera de FIV.

Hablarlo con tu pareja y con tu entorno

Si esperas con alguien, puede que viváis la espera a otro compás: quien necesita hablarlo cada noche y quien prefiere no tocarlo hasta que haya novedades. Podéis pactar un rato concreto para hablar de ello y, fuera de ese rato, otro tipo de conversaciones. También podéis decir en voz alta qué necesita cada persona: «hoy solo quiero que me escuches» o «hoy prefiero no hablar de esto».

Con el entorno, no estás obligada a dar explicaciones. Si alguien pregunta por qué no confirmas un plan o cuándo vais a tener hijos, puedes responder solo lo que quieras: «Es un tema que estamos llevando con calma», «Te cuento cuando tenga algo que contar» o simplemente «Prefiero no hablar de eso hoy». Con quien sí sabe, puedes pedir algo concreto: que no te pregunte cada semana, o que te escriba sin esperar respuesta. Más ideas en cómo hablar de la infertilidad con familia y amistades, y si más adelante te planteas qué contar a un futuro hijo, está contarlo o no al futuro hijo.

Si la espera te desborda, si notas angustia que no remite o tristeza que te impide hacer tu día a día, es buena idea buscar a un profesional de salud mental; el coaching no trata trastornos ni sustituye esa atención. Si hay peligro inmediato, llama al 112 (en España) o a los servicios de emergencia de tu zona; en España, la línea 024 atiende a personas con pensamientos suicidas.

Preguntas frecuentes

¿Es raro no sentir ilusión mientras espero?

No tiene por qué serlo. Puedes sentir cansancio, indiferencia o miedo y a la vez querer seguir adelante. Las emociones pueden cambiar de un día a otro sin que eso diga algo definitivo sobre lo que deseas.

¿Puedo disfrutar de otras cosas sin sentirme culpable?

Sí. Hacer planes, reírte o pasar un día sin pensar en la espera no resta importancia a lo que deseas. Son partes distintas de tu vida que pueden convivir.

¿Tengo que tener claro cómo me sentiré con la donante?

No. Puedes dejar las preguntas abiertas y revisarlas más adelante, a tu ritmo. Anotarlas puede ayudarte a ver cómo cambian con el tiempo, sin obligarte a cerrar ninguna.

¿Qué le digo a quien pregunta por qué no hacemos planes?

Puedes responder solo lo que quieras: «Ahora mismo prefiero ir viendo» o «Te cuento cuando tenga algo que contar». No tienes por qué dar explicaciones ni justificar tu agenda; decir lo justo ya es una forma de cuidarte.

Esperar sin fecha es una tarea silenciosa que no siempre se ve desde fuera; reconocerla como tal ya es una forma de cuidarte mientras tanto. Si en algún punto quieres hablarlo con alguien que te escuche sin prisa, puedes conocer la consulta individual de María Teresa, una sesión online de 60 minutos y sin compromiso de continuar.

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