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Ciclos de espera · duelo repetido · cuidarte

Cada mes, un pequeño duelo: vivir los ciclos de espera

La esperanza que sube durante unos días y la caída que llega en un momento concreto, la regla o el test, pueden repetirse mes tras mes. Aquí tienes ideas para acompañarte en esa repetición, sin prometer que sea más llevadera.

Por María Teresa Ramos Martínez ·

Hay un duelo que no llega de golpe, sino que vuelve cada mes. Empieza con la esperanza de los primeros días, se estira durante la espera y se cae en un instante concreto: una mancha, una raya en el test, una llamada. Luego toca regresar a la rutina y, poco después, empieza otra vez. Quizá has llorado al ver que llegaba la regla y te has dicho a ti misma que exagerabas. Aquí no hay nada que corregir en eso.

Este texto no explica cómo funciona el ciclo, no habla de los aspectos médicos ni dice qué significa ningún síntoma: todo eso se pregunta a tu equipo médico. Tampoco promete que la espera se vuelva más llevadera con ningún gesto. Se queda en lo emocional: lo que puede removerse cuando la caída se repite y algunas ideas pequeñas que puedes elegir, adaptar o dejar.

Una esperanza y una caída que se repiten

Cada mes puede tener su propio guion. A veces la ilusión llega aunque te hayas prometido no hacerte ilusiones; otras veces llega disfrazada de cálculo, de fechas, de señales que interpretas sin querer. Y cuando cae, puede que no caiga solo ese mes: a veces arrastra los anteriores, como si cada decepción se sumara a las otras. Lo que duele no siempre es lo de hoy, sino la sensación de volver a empezar desde el principio.

Llamarlo duelo puede sonar excesivo o puede ser justo la palabra; es tuya para elegir. Nadie puede decirte cuánto debería doler ni durante cuántos días. Si quieres detenerte en cómo se vive un resultado concreto, tienes cómo atravesar el momento de una beta negativa, y si lo que te ronda es el miedo a ilusionarte de nuevo, cómo convivir con las expectativas.

El momento de la regla o del test

Ese instante tiene algo propio. Puede haber llanto, rabia, un silencio que no suena a nada, una pena honda o incluso un alivio porque la incertidumbre se acaba. Alivio y tristeza pueden convivir sin cancelarse, y no tienes que justificar ninguno de los dos.

En esas primeras horas quizá no necesites hacer nada con lo que sientes. Si estás en el trabajo o rodeada de gente, puedes decir una frase verdadera y corta, como «necesito cinco minutos» o «ahora no puedo hablar, luego te escribo».

Una frase de cierre dicha en voz alta

Un gesto pequeño para marcar el final de cada ciclo: cuando termine la espera, dile a una persona de confianza una frase sobre ese mes, en voz alta o en un audio. Puede empezar por «Este mes ha sido…» y seguir por donde salga: «…de mensajes sin leer», «…en el que aguanté», «…de mucho silencio». No la dices para explicar nada, solo para que ese mes tenga una frase propia y no se funda con los demás.

Puedes pedirle de antemano a quien la escuche que no responda más que «te he oído». Si un mes no te sale ninguna frase, puedes contar eso mismo: «Este mes no tengo palabras». Y si buscas algo más grande para un final concreto, hay ideas en rituales para cerrar un ciclo o un tratamiento.

Una llamada pendiente para el día que termina la espera

Quizá hay un momento, antes de que llegue la fecha, en que te sientes con más claridad. Puedes aprovecharlo para acordar con alguien cercano que te llame o te escriba el día en que termine la espera, sin preguntarte nada ni esperar que cuentes. Puedes decirle: «Ese día solo quiero saber que estás ahí».

Si el mes se resuelve de otra manera y no hace falta, la llamada se puede mover o cancelar sin dar explicaciones. También puedes decidir de antemano qué no quieres ver esos días, y pedirle a quien te acompaña que no te pregunte «¿ya sabes algo?» cada vez que te vea.

Hablarlo con tu pareja sin repetir siempre la misma conversación

Cuando todos los meses terminan igual, también la conversación puede repetirse: «¿cómo estás?», «bien», un abrazo y poco más. La repetición también cansa. Puedes proponer cambiar la pregunta cada mes. Por ejemplo: «Este mes lo que más me ha pesado ha sido…», o «¿qué necesitas tú esta noche, aunque sea nada?».

Quizá os ayude acordar de antemano cómo empezar, con una frase que sirva de señal, o quién habla primero: quien tenga más ganas de hablar abre, y la otra persona escucha sin tener que arreglar nada. También puedes decir que hoy no quieres hablar de ello pero sí tener a tu pareja cerca. Tu pareja puede estar viviendo su propio duelo, con otro ritmo y otras palabras, y preguntarle cómo lo vive también es una forma de acompañaros. El coaching no es terapia de pareja; si el desencuentro os supera, puede ayudaros un profesional cualificado.

Cuando repetir cada mes pesa demasiado

Puede llegar un momento en que lo que cansa no es un mes concreto, sino tener que volver a empezar. Si te das cuenta de que la tristeza ocupa más días de los que querrías, si te cuesta hacer lo básico o si te alejas de personas que quieres, merece la pena contárselo a tu equipo médico. Puedes decirles: «llevo meses con mucha carga emocional en cada ciclo y quiero saber qué apoyo psicológico hay». Puedes preguntarles también si te pueden orientar hacia alguien que acompañe esa parte.

Valorar cómo estás corresponde a un profesional de salud mental, no a un texto como este. Si lo que sientes se parece más al vacío que al llanto, quizá te sirva leer sentirte vacía o sin ganas tras muchos intentos.

Si hay peligro inmediato, llama al 112 (en España) o a los servicios de emergencia de tu zona; en España, la línea 024 atiende a personas con pensamientos suicidas.

Preguntas frecuentes

¿Tiene sentido llamar duelo a algo que se repite cada mes?

Puede tenerlo si esa palabra describe lo que sientes. No hace falta una pérdida única y definitiva para que duela; también puede doler una esperanza que se apaga una y otra vez. Si otra palabra te encaja mejor, puedes usarla.

¿Qué hago si el día que llega la regla no siento nada?

No tienes que forzar una reacción. A veces la emoción llega más tarde, y a veces no llega. Si ese vacío te preocupa o se alarga, puedes contárselo a tu equipo médico o a un profesional de salud mental.

¿Puedo pedir que nadie me pregunte durante la espera?

Sí, puedes pedirlo con una frase sencilla: «cuando haya algo que contar, os lo digo yo». Quizá algunas personas no lo entiendan a la primera, y puedes repetirlo con calma. Tu espera es tuya y puedes decidir quién entra en ella.

¿Y si un mes no me apetece decirle nada a nadie?

Puedes dejar ese mes sin frase y sin llamada. Los gestos de este texto son opciones, no tareas pendientes. Si más adelante quieres retomarlos, puedes hacerlo en el ciclo que elijas, o en ninguno.

Si quieres un espacio aparte de tu entorno para lo que cada mes te deja, puedes conocer la consulta individual de María Teresa. Y si lo que te pesa es vivir con la vida en suspenso mientras esperas, puedes leer hacer planes mientras esperas: viajes, mudanzas y vida en suspenso.

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