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Esfuerzo · reconocimiento · vivirlo

Reconocer lo que ya has sostenido en tu proceso de fertilidad

Cuando la mirada se queda en el resultado que no llega, todo lo vivido por el camino puede quedar sin nombre. Reconocerlo no es un premio de consolación: es contar con verdad lo que has atravesado.

Por María Teresa Ramos Martínez ·

Quizá lo que más pesa hoy es la sensación de «estoy agotada de intentarlo». Y quizá, de tanto mirar lo que falta, has dejado de ver lo que llevas encima: las decisiones que tomaste con información a medias, las salas de espera, las noticias que tuviste que digerir en el pasillo, las conversaciones que ensayaste antes de tenerlas. Cuando todo se mide por un solo desenlace, el resto se queda sin contar.

Este texto no pretende convencerte de que tu esfuerzo «tiene sentido» ni de que acabará dando fruto; nadie puede prometerte eso. Tampoco te pide gratitud, ánimo ni una lectura luminosa de lo vivido. Frente a otros artículos de este blog, que hablan del vacío, de la identidad o de cuándo pedir apoyo, aquí la pregunta es más concreta: qué has sostenido ya y cómo puede verlo alguien más. Las cuestiones médicas, como siempre, son para tu equipo sanitario.

Por qué el resultado se come todo lo demás

Un proceso de fertilidad se organiza alrededor de una pregunta: si ha llegado o no. Todo lo que ocurre antes se convierte en trámite, como si solo importara el último día. Si el resultado no es el que esperabas, puede parecer que el tiempo invertido no cuenta, o que contarlo sería una forma de quejarse.

Sin embargo, lo vivido existió. Quizá hubo meses en los que reorganizaste tu agenda, momentos en los que fingiste normalidad delante de gente que no sabía nada, noches en las que releíste un informe. Sea cual sea el desenlace, tú estuviste ahí, en cada uno de esos momentos.

Reconocer no es consolar

Hay frases que pretenden aliviar y pueden acabar cerrando la puerta: «por lo menos lo has intentado», «ya verás como todo llega», «tienes que quedarte con lo positivo». Reconocer es otra cosa. Consiste en decir en voz alta, sin adorno, lo que ha pasado: «llevas tres años con esto», «has pasado por decisiones que nadie debería tomar con tanta incertidumbre», «ha sido mucho».

Reconocer tampoco exige que lo vivido te parezca valioso o que te sientas orgullosa. Puedes reconocer un esfuerzo y seguir cansada, enfadada o con ganas de que acabe. Y no sirve de anticipo de nada: no asegura que el camino merezca la pena ni que debas continuarlo. Solo deja constancia de que ocurrió y de que costó.

Lo que puede quedar sin nombrar

Parte de lo sostenido no figura en ningún informe ni calendario: las veces que encajaste el trabajo entre una cita y otra, los planes que cambiaste sin dar explicaciones, el «estoy bien» que dijiste cuando no lo estabas del todo. Es un esfuerzo que puede haber pasado sin que nadie lo viera, y quizá por eso a veces cuesta concederle importancia a ti misma.

Si te cuesta ponerlo en palabras, basta una pregunta abierta, que no hace falta contestar entera ni de una vez: ¿qué has atravesado en este tiempo que todavía no has dicho en voz alta?

No se trata de hacer una lista de logros ni de puntuarte. La respuesta puede ser un solo recuerdo pequeño, una fecha, el nombre de una sala de espera, o puede que hoy no salga nada; la pregunta seguirá ahí otro día.

Qué cambia al nombrarlo con otra persona

Cuando lo guardas para ti, lo vivido puede parecer menos de lo que fue, o tan grande que no sabes por dónde empezar. Decirlo ante alguien que estuvo cerca cambia el punto de vista: ya no es solo tu memoria, hay otra persona que lo confirma o que añade un detalle que habías olvidado. A veces eso alivia, a veces remueve. Ambas reacciones son posibles y ninguna significa que lo estés haciendo mal.

Además, nombrarlo en compañía puede evitar que el reconocimiento dependa de que alguien lo adivine. Quien te rodea puede no saber qué decir, o decir lo que no toca. Una petición clara le ofrece una tarea sencilla: escuchar y, si quiere, devolverte lo que vio.

Una conversación concreta, con una persona concreta

En lugar de un ejercicio a solas, una alternativa más pequeña es elegir a una persona que haya estado cerca de verdad durante el proceso, ya sea tu pareja, una amiga, un familiar, alguien de tu entorno de trabajo o quien te acompañó a una cita. Que sea alguien con quien no tengas que cuidar de sus reacciones. Y proponerle una conversación breve con una primera frase como esta:

«Me gustaría contarte qué recuerdo yo de estos meses y que me digas qué viste tú. No necesito que lo arregles ni que me animes; me basta con que lo escuches.»

Después puedes empezar por lo más pequeño y concreto que se te ocurra: una cita en la que te sentiste sola, una decisión que tomaste con miedo, un día que costó levantarse. Si la otra persona responde con un «al menos…» o con un consejo, puedes decirle con tranquilidad: «Ahora solo quiero que sepas que fue así». Y si hoy no tienes a nadie así a mano, puedes llevarlo a quien te acompañe profesionalmente.

Cómo pedir que alguien lo vea

Puede que quien te quiere no sepa que necesitas esto. A veces el entorno solo ve el resultado y pregunta por el resultado. Si quieres cambiar el enfoque, puedes anticiparte: «Cuando me preguntes cómo voy, pregúntame también cómo han sido estos meses». O, si prefieres algo más directo: «Hay cosas de todo esto que casi nadie ha visto. ¿Puedo contártelas?».

No tienes obligación de hacerlo con todo el mundo, ni de explicarlo más de una vez. Con una sola persona que lo haya visto de verdad ya tienes un testigo; no necesitas un público.

Preguntas frecuentes

¿Reconocer lo vivido significa que debo sentirme orgullosa?

No. Reconocer es dejar constancia de lo que has atravesado, sin exigirte ninguna emoción concreta. Puedes hacerlo sintiéndote cansada, triste o enfadada, y no tiene por qué cambiar lo que opinas del camino que sigue.

¿Y si pensar en todo lo vivido me hace sentir peor?

Puede pasar, porque mirar atrás mueve cosas. No hace falta hacerlo de una vez ni entero: puedes parar cuando quieras. Si el malestar te desborda, coméntalo con tu equipo médico o con un profesional de salud mental.

¿Qué hago si nadie a mi alrededor ha estado cerca de verdad?

A veces el proceso se ha vivido en silencio. En ese caso, puedes buscar un espacio aparte de tu entorno donde contarlo por primera vez, como un grupo de apoyo, un profesional o una conversación con alguien nuevo. Empezar por una persona ya es suficiente.

Para contar lo que has sostenido en un espacio aparte de tu entorno, María Teresa ofrece una consulta individual: una sesión online de 60 minutos, única, sin compromiso de continuar y sin guion cerrado, para ordenar lo que necesitas ordenar ahora mismo. Para seguir leyendo, puedes pasar por El impacto emocional de la infertilidad, por ¿Quién eres más allá de ser paciente de fertilidad? Recuperar tu identidad, por Sentirte vacía o sin ganas tras muchos intentos: cuando ya no sientes nada o por ¿Cómo saber si necesito apoyo emocional en fertilidad?.

Consulta individual

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