Hay semanas en las que la agenda se reparte entre citas, recordatorios del móvil y huecos para esperar. La conversación con tu pareja, con una amiga o contigo misma vuelve siempre al mismo punto, y hasta los pensamientos de la ducha tienen el mismo tema. Quizá un día alguien te pregunta qué tal el trabajo o qué te apetece hacer, y notas que no sabes qué responder, como si lo que te interesaba se hubiera quedado en otra habitación.
Aquí no encontrarás nada sobre tratamientos, plazos ni sobre lo que conviene hacer durante el proceso: eso corresponde a tu equipo médico. Tampoco es un texto para pedirte que pienses menos en ello o que te distraigas a la fuerza. Es una invitación a mirar qué parte de ti se ha quedado sin sitio y a decidir, con calma, si quieres devolverle uno.
Cuando «paciente» se convierte en toda la presentación
Ser paciente es una circunstancia, no una persona. Pero cuando casi todo lo que haces gira alrededor del proceso, la palabra puede ir ocupando más lugar que el resto de tu nombre. Puede que ya no te presentes como alguien que dibuja, que viaja, que es buena en su trabajo o que hace reír a sus amigas, sino como alguien que espera.
Que el tema ocupe tanto espacio puede ser reflejo de cuánto te importa y de lo incierto que resulta. No demuestra que lo estés haciendo mal ni que te hayas vuelto una persona aburrida. Mirarlo con curiosidad, sin juicio, ya es una manera de empezar.
Un ejercicio distinto: el índice de tu libro
Imagina que alguien escribe un libro sobre tu vida y te pide que redactes el índice. El tratamiento tendrá su capítulo, porque es verdad y pesa. La pregunta es qué otros capítulos hay y qué título lleva el libro entero. Puedes hacerlo en un cuaderno o en la app de notas del móvil, con calma:
- Escribe primero el título del libro. Que no contenga la palabra «fertilidad» ni «tratamiento».
- Haz la lista de capítulos que ya existen: personas, lugares, oficios, épocas, manías, cosas en las que eres buena y cosas que te hacen reír.
- Marca con un círculo los capítulos que hace tiempo que no abres. No hace falta explicar por qué.
- Añade un capítulo que todavía no existe y te gustaría escribir, pequeño o grande.
- Por último, escribe el nombre del capítulo del tratamiento y anota cuántas páginas le corresponden hoy para ti. Puede cambiar mañana.
No se trata de que el capítulo del proceso sea corto, sino de ver que es un capítulo y no el libro. Puedes guardar el índice o releerlo dentro de un tiempo y comprobar qué ha cambiado.
Recuperar espacios propios sin sentir que te distraes
A veces aparece una voz que dice que, si estás disfrutando de otra cosa, es que no te lo tomas en serio. Reír en una cena o perderte en una afición no resta importancia a tu deseo. Son dos partes de ti que pueden convivir, y no hay ninguna instrucción que te pida estar pendiente a todas horas para demostrar cuánto quieres esto.
Puedes empezar por lo pequeño en cuatro lugares:
- Aficiones: una hora de lo que hacías antes, aunque salga peor que entonces.
- Amistades: quedar con quien te conoce de antes del proceso, o con quien nunca ha oído hablar de él.
- Trabajo: notar que hay momentos en los que lo que haces te absorbe y te recuerda lo que sabes hacer.
- Cuerpo: disfrutarlo por motivos que no tengan que ver con el tratamiento, como bailar en la cocina, notar el sol o darte una ducha larga. Si dudas de qué actividades encajan con tu proceso, pregunta a tu clínica.
Conversaciones donde el tema no entra
Puede que a quienes te quieren no se les ocurra hablar de otra cosa, por miedo a que lo vivas como una falta de interés. Puedes ayudarles con frases verdaderas: «Hoy me apetece que me cuentes algo tuyo», «Esta noche quiero una cena sin hablar de ello», «Me haría bien reírme un rato de cualquier otra cosa».
Con tu pareja puedes proponer una franja concreta, como una cena o un paseo, en la que el tratamiento queda fuera. Si se cuela, no pasa nada: podéis decirlo con humor y volver al plan. Y si ese día lo que necesitas es hablar justo de eso, también puedes decirlo. Elegir es tuyo.
Avisar de que hoy no quieres hablar del tratamiento
En una reunión familiar, en una comida con amistades o en la oficina, a veces alguien pregunta «¿y tú cómo vas?» y la conversación se convierte en un parte de novedades. Puedes adelantarte con una frase verdadera y amable, dicha antes de sentarte o por mensaje: «Hoy prefiero no hablar del tratamiento; si hay algo nuevo, ya os lo cuento yo». Quien te quiere puede tomarlo como una indicación útil y no como un rechazo.
Si aun así la pregunta llega, puedes responder con la parte de la verdad que te apetezca compartir y llevar la conversación a otro terreno: «Gracias por preguntar, ahora cuéntame tú qué tal tu semana». Decidir cuánto cuentas y cuándo forma parte de cuidarte.
Cuando una afición se convierte en otra obligación
Recuperar espacios propios tampoco tiene que sumarse a la lista de tareas. Si una actividad que antes te gustaba empieza a vivirse como una cita más que cumplir, puedes preguntarte: ¿voy porque me apetece o porque creo que debería estar mejor? ¿Salgo de allí con algo de ligereza o con la sensación de haber rendido? Si la respuesta es la segunda, puedes cambiar de plan, hacerlo más pequeño o dejarlo para otro día. Una afición está para sostenerte, no para demostrar nada.
Permiso para disfrutar mientras el proceso sigue
Disfrutar de un buen rato no te compromete a nada ni cambia lo que deseas. Tampoco tienes que sentir alegría por obligación: hay días en los que no te apetecerá nada, y eso también cabe. El permiso consiste en que puedas decidir tú qué cabe en tu día, sin sentirte vigilada por tu propia culpa.
Si notas que el proceso te ha vaciado de ganas durante mucho tiempo o te cuesta atender lo cotidiano, habla con un profesional de salud mental. Si hay peligro inmediato, llama al 112 (en España) o a los servicios de emergencia de tu zona; en España, la línea 024 atiende a personas con pensamientos suicidas. El coaching no sustituye la atención psicológica ni médica.
Preguntas frecuentes
¿Puedo hacer otras cosas mientras estoy en tratamiento?
Sí. Dedicar tiempo a una afición, a una amistad o a un descanso no resta nada a lo que deseas ni te compromete a nada. Si notas una voz que te lo reprocha, puedes escribir de dónde viene esa idea y qué te diría alguien que te quiere.
¿Y si ya no recuerdo qué me gustaba antes?
Puedes empezar por probar cosas pequeñas sin compromiso y ver qué te despierta curiosidad. También puedes preguntar a alguien que te conoce de hace tiempo qué recuerda de ti. No hace falta tener la respuesta hoy.
¿Cómo evito que cada conversación vuelva al tratamiento?
Puedes avisar con antelación de que hoy prefieres hablar de otra cosa, o proponer un plan en el que la conversación fluya sola. Si el tema aparece, puedes elegir si lo atiendes o lo dejas para otro momento.
¿Esto significa que debería pensar menos en el tratamiento?
No. Aquí no se trata de pensar más o menos, sino de que haya sitio también para el resto de ti. Puedes seguir dándole a esto todo el espacio que necesite y, a la vez, abrir otros.
Para seguir leyendo, quizá te acompañen cuando sientes que tu vida está en pausa por la búsqueda, hacer planes mientras esperas, el impacto emocional de la infertilidad y cuidar tu bienestar emocional entre ciclos de FIV. Y si llevas tiempo en el proceso y buscas un espacio continuado, a tu ritmo, María Teresa ofrece un acompañamiento emocional 1:1.