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Maternidad · exigencia · miedo

Miedo a no ser buena madre después de tanto esfuerzo

Tras años de deseo, puede aparecer la idea de que ahora todo tiene que salir perfecto. Aquí encuentras una forma de mirar ese miedo, de ponerle palabras y de elegir con quién hablarlo.

Por María Teresa Ramos Martínez ·

Después de años deseando algo, puede llegar un pensamiento que no esperabas: «ahora tengo que hacerlo perfecto». Como si el esfuerzo anterior hubiera dejado una deuda y la única forma de saldarla fuera ser una madre sin fallos, sin cansancio y sin dudas. Quizá ese pensamiento te visite mientras todavía estás buscando, en plena espera o con un positivo ya en las manos.

Aquí no encontrarás cómo se cuida a un bebé, ni nada sobre el embarazo o el posparto, ni una opinión sobre cómo será tu maternidad: de lo médico se ocupa tu equipo sanitario. Este texto se queda en el miedo mismo: de dónde puede venir, cómo ponerlo en palabras concretas y con quién compartirlo. Y te propone algo que quizá no esperes: permiso para ser imperfecta, sea cual sea tu camino.

Cuando el deseo largo se convierte en examen

Desear algo durante mucho tiempo puede tener un efecto curioso: cuanto más costó, más parece que se debe. En ese punto se mezclan dos cosas distintas. Una es el deseo, la fuerza que te sostuvo en citas, esperas y noches difíciles. La otra es la exigencia, una voz que dice que, después de todo esto, ya no cabe fallar.

Desde fuera quizá se parezcan, pero puede que no pidan lo mismo. El deseo puede convivir con la duda, el cansancio y el error; la exigencia, si la sientes así, puede no dejar sitio a nada de eso. Quizá tu entorno la alimente sin querer, con frases como «con lo que has luchado, serás una madre estupenda». Suena a elogio y puede pesar como una expectativa más. Quizá no haga falta renunciar a ninguno de los dos, y tampoco pagar con tu tranquilidad una cuenta que nadie te ha pasado.

Qué te asusta, con tus palabras

«Miedo a no ser buena madre» es una frase grande y difusa. Puedes dejarla así o decirla con tus palabras. Estas son algunas formas que puede tomar, y quizá te resulten familiares, o quizá ninguna:

  • Llegar al momento esperado y no sentir la emoción que has visto en otras personas.
  • Decepcionar a quien te acompañó en el camino, a tu pareja o a quien eras cuando lo deseabas.
  • Cansarte o dudar y pensar que, después de tanto, no te toca quejarte.
  • Que alguien note que no eres como imaginabas ser.
  • No estar a la altura de la madre que decías que serías cuando el deseo aún no tenía fecha.

Puede que tu miedo sea otro, y también cuenta. Dicho con tus palabras, ya es tuyo, y puedes mirarlo, contarlo o guardarlo.

Una sola pregunta abierta

Más que un ejercicio, es una invitación a hablar en voz alta o a grabar un audio solo para ti, sin enviarlo. Puedes dejar una pregunta y responderla sin corregirte, con el tono que te salga, sea cansado, severo o tierno: ¿qué querría que alguien supiera de este miedo?

Si prefieres llevarla a otra persona, puedes plantear la misma pregunta en una llamada con una amistad o con quien te acompaña y pedirle solo que escuche, sin responder ni animar. Puedes decirle de antemano que no buscas consejo, para que sepa qué esperar.

No hace falta responder bien ni responder entera. Puedes escucharlo después, guardarlo o borrarlo. Y si hoy no te apetece, la pregunta puede esperar; seguirá ahí cuando quieras volver a ella.

Hablarlo con tu pareja o con quien te acompañe

Es un miedo que a veces se calla precisamente por parecer ingrato: después de tanto, ¿cómo vas a quejarte? Si compartes el camino con tu pareja o con alguien cercano, puedes abrir la conversación sin pedirle que lo resuelva. Algunas frases verdaderas que puedes usar:

  • «Hay una idea que me cuesta decir: tengo miedo de no ser la madre que había imaginado.»
  • «No te pido que me digas que no pasa nada. Me basta con que me escuches un rato.»
  • «Me gustaría que me contaras si a ti también te ronda algo parecido.»

Quizá tu pareja viva esto de otra manera, o con un miedo propio. Escucharlo puede darte información sobre cómo se siente cada parte, no una respuesta sobre cómo serás. Si no tienes pareja, o no es el momento de esa conversación, puede ser una amistad, un familiar o un grupo de apoyo. Elegir con quién hablarlo también es una decisión tuya, y puede ser alguien cercano o un espacio aparte de tu entorno.

Permiso para ser imperfecta

Ser imperfecta no es una concesión, es una descripción. Nadie se convierte en alguien sin errores por haber deseado algo mucho tiempo, y nadie puede prometerte cómo vivirás cada etapa, ni siquiera tú. No necesitas saberlo hoy, ni decidir ahora qué tipo de madre quieres ser: eso puede ir cambiando con el tiempo. Tu manera de cuidar puede ir apareciendo poco a poco, y no hace falta que se parezca a ninguna que hayas visto. Puedes desear algo con todas tus fuerzas y, aun así, permitirte hacerlo a tu manera, con tropiezos incluidos. Y puedes tener días en que el miedo se note más y otros en que apenas aparezca, sin que eso diga nada definitivo sobre ti.

Si el miedo ocupa tanto espacio que te cuesta sostener tu día a día, puedes pedir ayuda a un profesional de salud mental. El coaching no es terapia y no trata ni sustituye la atención psicológica o médica.

Si hay peligro inmediato, llama al 112 (en España) o a los servicios de emergencia de tu zona; en España, la línea 024 atiende a personas con pensamientos suicidas.

Preguntas frecuentes

¿Tener miedo a no ser buena madre significa que no lo deseo lo suficiente?

No. Puedes desear algo con intensidad y temerlo a la vez. El miedo puede hablar de lo mucho que te importa, no de cuánto lo querías. Ponerle una forma concreta puede hacerlo más fácil de compartir.

¿Puedo sentir este miedo aunque todavía no sea madre?

Sí. Puede aparecer durante la búsqueda, en la espera o cuando llega una noticia, y no depende de en qué punto estés. No necesitas esperar a ningún resultado para ponerle palabras ni para hablarlo con alguien.

¿Qué respondo si solo me dicen que seré una gran madre?

Puedes agradecer el cariño y, si lo necesitas, añadir una frase verdadera: «Gracias, y hoy me ayuda más que me escuches que me animes». No tienes por qué dar explicaciones largas ni justificar cómo te sientes.

¿A quién se lo cuento si mi pareja prefiere no hablar de esto?

Puedes probar con una amistad, un familiar, un grupo de apoyo o un profesional de salud mental. No tiene que ser una sola persona ni la misma para todo, y puedes ir eligiendo con quién compartes cada parte.

Si este miedo se cruza con otras emociones del camino, quizá te sirvan Miedo después del positivo tras la infertilidad, Esperanza y miedo a ilusionarte: cómo convivir con las expectativas, Prepararte emocionalmente para empezar una FIV: qué puedes ordenar antes o Contar tu embarazo tras la infertilidad: cuándo, cómo y a quién. Y si quieres un espacio para poner en orden lo que sientes, María Teresa ofrece la consulta individual: una sesión online de 60 minutos, única, sin compromiso de continuar y sin guion cerrado, para ordenar lo que necesitas ordenar ahora mismo.

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