Cuando se acerca el comienzo de una FIV, la cabeza puede llenarse de cosas que no son médicas: a quién se lo vas a contar, cómo vas a cuadrar tus días, qué le vas a pedir a tu pareja o a una amiga, qué harás si un día no puedes más. Quizá sientas ilusión, miedo, cansancio anticipado o todo a la vez. Puedes sentir ilusión y miedo a la vez.
Aquí no vas a encontrar en qué consiste una FIV, cómo son sus fases, la medicación ni las pruebas: eso te lo explica tu clínica, que conoce tu historia. Tampoco se promete que prepararte de una forma concreta cambie cómo lo vivas o el resultado. Lo que sí encontrarás es una propuesta de cuaderno de cinco páginas para poner por escrito lo emocional y lo práctico, a tu ritmo y saltándote lo que no te sirva.
Primera página: lo que esperas y lo que temes
Divide una hoja en dos mitades y escribe a la izquierda lo que esperas de este proceso, y a la derecha lo que temes. Esperar no es lo mismo que exigir: puedes esperar que te traten con claridad, que tu pareja esté presente o que tú misma te hables con más suavidad. Y temer no es predecir: es ponerle nombre a algo que, de otro modo, da vueltas sin forma.
Después subraya en cada lado una sola línea que sea la más pesada. Quizá la de la derecha sea una pregunta para tu clínica y la de la izquierda, una necesidad para ti. Si quieres profundizar en el miedo concreto a dar el paso, puedes leer miedo a empezar un tratamiento de fertilidad: cómo cuidar tus emociones.
Segunda página: tus límites sobre contar
Contarlo o no contarlo es una decisión que puedes tomar antes de que alguien pregunte. Haz una lista de las personas de tu entorno y, junto a cada nombre, anota cuánto quieres que sepa: nada, que estás en un momento de cambios, que estás en tratamiento, o también cómo vas día a día. Esa lista puede cambiar cuando tú quieras.
Anota también los límites que quieres tener a mano, con frases que sean ciertas y cortas:
- «Prefiero no hablar de esto ahora; si algún día me apetece, te lo cuento yo.»
- «Gracias por preguntar. Te aviso cuando tenga algo que compartir.»
- «No necesito consejos, solo que estés.»
Tener las frases escritas puede ahorrarte improvisar en medio de una comida familiar o de una conversación en el trabajo.
Tercera página: acuerdos y red de apoyo
Si estás en pareja, esta página puede escribirse a dos voces. Cada persona anota qué le gustaría recibir de la otra y qué teme no saber dar. Después lo leéis en voz alta, sin tratar de que coincida. Algunas preguntas para abrir: ¿cómo queremos contar las novedades de la clínica?, ¿quién llama y quién escucha?, ¿qué hacemos si una de las dos personas necesita hablar y la otra no?
Si no hay pareja, o prefieres no apoyarte solo en ella, dibuja un círculo con tu nombre en el centro y escribe alrededor a quién podrías recurrir y para qué. No tiene que ser la misma persona para todo: una amiga para desahogarte, un familiar para cosas prácticas, alguien que no sepa nada del tratamiento para hablar de otra cosa. Ver esa red escrita ayuda a notar si te falta algún hueco. Sobre cómo pedir lo que necesitas, quizá te sirva cómo saber si necesito apoyo emocional en fertilidad.
Cuarta página: trabajo, descanso y días con espacio
Esta página es de organización, no de normas médicas. Para todo lo que afecte a tu cuerpo, a tu actividad o a tu calendario, pregunta a tu equipo. Lo que sí puedes anotar es qué parte de tu vida te gustaría proteger: ¿qué conversaciones del trabajo prefieres evitar?, ¿a quién avisarías si necesitas ausentarte?, ¿qué quieres explicar y qué no? Si tienes dudas sobre las condiciones de tu empleo, resuélvelas con quien corresponda en tu país o región.
Escribe además qué te sienta bien para descansar emocionalmente, sin convertirlo en una tarea más: un paseo, una serie, un plan sin ninguna conversación sobre el tratamiento. Y decide de antemano una o dos cosas que dejarás de lado durante un tiempo, para que el proceso no se sume a todo lo demás sin que nada salga de tu lista.
Quinta página: «si pasa esto, me apoyo en esto otro»
Los días difíciles pueden llegar en cualquier punto, y en ese momento cuesta pensar. Por eso vale la pena dejar escrito un pequeño plan con la fórmula «si pasa X, me apoyo en Y». Por ejemplo: «si una noticia me sienta mal, llamo a mi hermana antes de contestar a nadie más»; «si me veo evitando a todo el mundo, escribo a mi amiga una sola palabra para que sepa que necesito compañía»; «si no sé si seguir adelante, pido una conversación con la clínica antes de decidir nada». Puedes tener tantos como quieras y tacharlos si dejan de servirte.
Añade al final una línea sobre cuándo plantearías apoyo profesional o un acompañamiento: por ejemplo, si lo que sientes ocupa casi todo tu día, si te cuesta sostener tus rutinas o si notas que necesitas un lugar donde hablar sin cuidar a nadie. Pedir ayuda antes de llegar al límite también es una decisión legítima. Si más adelante hay pausas entre intentos, puede acompañarte entre ciclos de FIV: cuidar tu bienestar emocional, y para la parte de las citas, primera consulta de fertilidad: cómo cuidar los nervios.
El coaching no trata trastornos ni sustituye la atención psicológica o médica. Si lo que sientes te desborda, habla con un profesional de salud mental cualificado. Si hay peligro inmediato, llama al 112 (en España) o a los servicios de emergencia de tu zona; en España, la línea 024 atiende a personas con pensamientos suicidas.
Preguntas frecuentes
¿Tengo que estar tranquila para empezar?
Puedes empezar con dudas, ilusión y miedo a la vez. Si tu clínica necesita algo de ti antes de empezar, te lo dirá. Tener un cuaderno ordenado no pretende quitarte esas emociones, sino que sepas qué hacer con ellas cuando aparezcan.
¿Tengo que contárselo a todo el mundo?
No. Puedes decidir quién lo sabe, cuánto sabe y cuándo. También puedes cambiar de idea más adelante y contarlo a alguien a quien al principio no pensabas decírselo.
¿Y si estoy sola en el proceso?
Puedes construir tu red con varias personas pequeñas, cada una para algo distinto, y dejar escrito también qué harás si todas están ocupadas un día. Si lo necesitas, un acompañamiento puede ser un lugar más de apoyo.
¿Esto sirve si ya empecé y no lo hice antes?
Sí, puedes rellenar las páginas en cualquier momento. No hay un orden obligatorio ni un momento perdido: puedes empezar por la que más falta te haga hoy.
Si al terminar el cuaderno ves que te gustaría que alguien te acompañe durante el proceso, María Teresa ofrece un acompañamiento emocional 1:1 en fertilidad. Lo importante es que sea una decisión tuya, tomada con calma y cuando tú lo sientas.