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Permiso · días buenos · tratamiento

Permiso para tener un buen día durante el tratamiento

Reírte, salir o disfrutar no es dejar de querer lo que todavía está abierto. Aquí tienes cómo mirar la culpa del día bueno, el miedo a que luego se pague y qué hacer cuando alguien te ve bien.

Por María Teresa Ramos Martínez ·

Alguien cuenta algo gracioso en la comida del trabajo y te ríes de verdad, sin esfuerzo. Durante unos segundos todo pesa menos. Después llega el pellizco: cómo puedes reírte con lo que llevas encima. A veces un buen día se vive casi como una traición, como si disfrutar fuera una manera de dejar de querer lo que todavía sigue abierto.

Aquí no se afirma nada sobre si el ánimo cambia algo en un tratamiento, ni se te pide que estés contenta o que busques días buenos como quien cumple una tarea: lo clínico es cosa de tu equipo médico. La vida en suspenso que describe Cuando sientes que tu vida está en pausa por la búsqueda y la identidad que trata ¿Quién eres más allá de ser paciente de fertilidad? Recuperar tu identidad miran la vida entera; aquí la mirada se detiene en el instante que viene justo después de la risa: el miedo a que el día bueno se pague mañana, lo que haces cuando alguien te ve bien y saca conclusiones, y cómo reservarte un plan sin dar explicaciones. El coaching no es terapia ni sustituye la atención médica o psicológica.

Cuando reír parece una deslealtad

A veces la lógica de la culpa va así: si de verdad lo deseara, no podría estar bien ni un rato. A veces la culpa mezcla cuánto quieres algo con cuánto sufres por ello. Puedes querer un hijo con toda tu fuerza y, un jueves cualquiera, pasarlo bien en una terraza.

Detrás de la culpa pueden esconderse reglas que nadie te ha dicho en voz alta:

  • «Si me río, parece que no me lo tomo en serio».
  • «Si salgo, estoy dejando de estar pendiente».
  • «Si lo paso bien, luego no merezco que me entiendan cuando lo paso mal».
  • «Si me ven contenta, dejarán de preguntarme y de cuidarme».

Puede que no hayas firmado ninguna de esas reglas. Si la culpa se vuelve reproche contra ti, hay más ideas en Culpa y autorreproches durante la infertilidad.

El miedo a que el día bueno cobre factura

Hay otra culpa que mira hacia delante: «hoy estoy bien, seguro que luego lo pago». Es como si cada risa se anotara en una cuenta y el cobro llegara la semana siguiente, con intereses. Nadie puede prometerte cómo será el día de mañana, y este texto tampoco lo intenta. Lo que sí puedes mirar es lo que hace ese miedo hoy.

Es un miedo que se entiende: cuando llevas tiempo esperando, cualquier alivio se mira con recelo, como si no fuera a quedarse. Y vigilar el rato bueno mientras lo vives puede dejarte con menos de lo que había. Una pregunta para quedarte con ella, sin prisa por contestarla: ¿qué parte de este buen rato me estoy perdiendo por vigilarlo?

Cuando alguien te ve bien y supone que ya no te importa

Puede que alguien comente «qué bien te veo, se nota que lo llevas mejor» o «veo que te has despreocupado». Lo que otra persona concluye al ver una sonrisa o una foto es su lectura, y cabe en una frase lo que a ti te ocupa buena parte de la vida. Tienes varias salidas, y no hace falta elegir siempre la misma:

  • Responder sin más. Un «gracias» y cambiar de tema, sin corregir nada.
  • Matizar un poco. «Hoy estoy bien, y esto me sigue importando muchísimo».
  • Contar la versión entera, solo a quien tú elijas. «Que me veas reír no quiere decir que haya dejado de desearlo».

Si el comentario viene de alguien cercano y te escuece, puedes hablarlo más tarde y con calma. Si viene de alguien lejano, quizá no merezca ni media explicación. Tu manera de mostrarte no le debe un informe a nadie.

Un plan con fecha y una sola frase

Los días buenos a veces se dejan para cuando «ya toque», y esa espera es otra forma de aplazar el día bueno. Un ejercicio pequeño: elige un plan que te apetezca de verdad y que no sirva para nada más, como una comida, una película, un concierto o una tarde con quien te hace reír. Ponle fecha en tu calendario hoy mismo, dentro de los próximos diez días.

Decide también una sola frase, verdadera, para quien pregunte a qué viene tanto ánimo o por qué sales: «Me apetecía», «Tenía ganas de verte» o «Es un plan que me hacía ilusión». No hace falta explicar el tratamiento ni justificar que lo pasas bien.

Cuando llegue el día, pueden pasar varias cosas, y todas valen: que lo disfrutes, que te cueste, que cancelar sea lo que necesitas. Después, apunta solo si el plan se hizo o no. No hace falta puntuarlo ni preguntarte si lo has disfrutado lo suficiente: el plan no es un examen. Si se tuerce, puedes cambiarlo por otro igual de pequeño. Si lo que tienes en el aire es más grande, como un viaje o una boda, hay más preguntas en Hacer planes mientras esperas: viajes, mudanzas y vida en suspenso.

Permiso, no obligación

Este permiso no empuja a estar alegre. Habrá días en que nada apetezca, y esos también son tuyos. A veces cansa tener que justificar hasta el descanso, como si un rato de alivio necesitara permiso por escrito. Tampoco tienes que explicarle a nadie por qué hoy te apetece salir y mañana no. De lo que se trata es de que, cuando un buen rato aparezca, no tenga que pasar por ninguna aduana. Un día bueno no está en el otro plato de ninguna balanza: puede ser solo un día bueno, y tu deseo sigue siendo tuyo y de nadie más.

Preguntas frecuentes

¿Reírme significa que he dejado de desearlo?

Una risa es lo que ocurre en un momento; si has aceptado algo o no es otra cuestión, y no tiene por qué decidirse en una comida. Puedes reírte y seguir queriendo lo mismo mañana, sin que una carcajada tenga que significar nada más.

¿Qué hago si un día bueno termina en un bajón?

Puede pasar que a un rato alegre le siga tristeza, y no por eso estaba mal haberlo vivido. Puedes dejar que el bajón sea un bajón, sin buscarle culpables, y recordar que el rato bueno ocurrió igualmente.

¿Cómo respondo a quien me pregunta si ya me da igual?

Puedes contestar con la verdad corta: «No me da igual, y hoy estoy bien». También puedes no contestar o cambiar de tema. Responder o no depende de la confianza que tengas con esa persona, no de que tengas que demostrar nada.

¿Y si no consigo disfrutar aunque me lo permita?

Permitirte disfrutar no garantiza disfrutar, y puede que ese día no te llegue nada. Puedes quedarte un rato, irte antes o cancelar, sin tomarlo como un fallo tuyo.

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