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Citas · Compañía · Entorno

Ir sola o acompañada a las citas de fertilidad: cómo decidirlo

Entrar sola a la consulta, con tu pareja, con una amiga o con un familiar tiene ventajas y costes distintos. Puedes decidirlo cita a cita, según lo que esa cita te pida.

Por María Teresa Ramos Martínez ·

Antes de una cita en la clínica, a veces aparece una pregunta pequeña que pesa más de lo que parece: ¿voy con alguien o voy sola? Quizá tu pareja no puede salir del trabajo. Quizá prefieres no cargar a nadie con tus nervios. O quizá quieres compañía y no sabes a quién pedírsela ni cómo.

Aquí no encontrarás qué se hace en una consulta, qué se permite en cada centro ni qué conviene preguntar desde el punto de vista médico; eso lo conoce tu equipo. Tampoco hay una respuesta correcta que valga para todas las citas. Lo que sí puedes llevarte son preguntas para decidir, un reparto de papeles para quien te acompañe y una nota de bolsillo para no depender de la memoria.

Cada opción tiene su lado bueno y su coste

Ir sola puede darte libertad: reaccionas como te salga, preguntas sin mirar a nadie y vuelves a casa a tu ritmo. El coste puede ser que cargues sola con la información, con lo que se dice en la sala y con el camino de vuelta.

Ir con tu pareja puede hacer que la experiencia sea de las dos, y que escuchéis lo mismo de primera mano. El coste a veces es que cada persona vive la cita de forma distinta, y que te toque cuidar también de cómo la vive tu pareja mientras tú intentas sostener la tuya.

Ir con una amiga o con un familiar puede darte alguien que te conoce y que no está implicada en la decisión. El coste puede ser que esa persona también se emocione, que te dé consejos que no has pedido o que luego cuente lo que no querías contar.

Ninguna opción es más madura que otra. Puedes pensar en la cita de hoy y no en un sistema para todas las demás.

Preguntas para decidir esta cita

Quizá te sirva escribir las respuestas con tus palabras, sin buscar la frase perfecta:

  • ¿Qué crees que va a pasar en esta cita y qué parte de eso te asusta o te pesa más?
  • ¿En qué momentos has necesitado a alguien cerca en citas anteriores y en cuáles te ha estorbado?
  • ¿Con quién podrías llorar, callar o quedarte en blanco sin sentir que tienes que explicarte?
  • ¿Qué haría falta para que ir sola no fuera una renuncia sino una elección?

Si al leerlas notas que quieres compañía pero te da vergüenza pedirla, apúntalo también. Es un dato sobre lo que necesitas, no una debilidad.

Reparto de papeles: qué necesitas de quien te acompaña

Decir «acompáñame» deja a la otra persona sin saber qué hacer. Puede ayudar pedirle un papel concreto. Estos son tres posibles; puedes combinarlos, repartirlos o descartar los que no te sirvan:

  • Quien escucha. Está presente en la conversación y no responde por ti. Si no la quieres dentro de la consulta, puedes pedirle que se quede fuera.
  • Quien apunta. Toma notas de lo que se dice para que tú no tengas que sostener la información y las emociones a la vez.
  • Quien espera fuera. No entra, pero está al salir: un abrazo, un café, o simplemente caminar a tu lado sin hablar.

Puedes decírselo así: «Necesito que me acompañes, pero no que opines. Lo que me vendría bien es que apuntes lo que oigas y que, al salir, me preguntes si quiero hablar o prefiero silencio».

Si la persona va a entrar contigo, pregunta a tu centro cómo funciona el acompañamiento. Las normas son de cada clínica y conviene saberlas antes del día de la cita, no en la puerta.

Si vas sola, prepara una nota de bolsillo

Cuando no hay nadie para apuntar ni para recordar, una nota breve hace de compañera. Puedes escribirla en el móvil o en papel con cuatro renglones que completar:

  • «Hoy quiero preguntar…»
  • «Si me quedo en blanco, me ayudará leer…»
  • «Después de la cita me daré…» (un rato, un paseo, una comida, silencio)
  • «La persona a la que escribiré al salir es…»

Si quieres apuntar durante la consulta o grabar el audio, pregunta primero al equipo si puedes y pide permiso antes de hacerlo. Puede que te digan que sí, que no o que prefieren darte la información por escrito; será su respuesta, no un juicio sobre ti. Tampoco hace falta entenderlo todo en la sala: puedes pedir que repitan una explicación o preguntar cómo volver a consultar tus dudas.

Si tu pareja no puede venir

A veces el trabajo, los turnos o la distancia impiden que tu pareja esté en la consulta. Eso no es, por sí solo, una señal de que le importe menos. Tampoco tienes que fingir que no duele si te dolió.

Puedes proponerle una forma de estar presente que sí sea posible: «No puedes venir, pero ¿puedes llamarme al salir?». O repartir los papeles: tú entras, y por la noche le cuentas lo que has anotado mientras tu pareja solo escucha, sin corregir ni resumir. Si hay una cita que os importa especialmente, también podéis preguntar a la clínica si existe otra franja horaria. Nombrar lo que te falta, sin reproche, deja más margen que callarlo y acumularlo.

Si vas sola por elección o por circunstancia

Hay mujeres que llevan su proceso sin pareja porque lo han decidido así, y otras porque la vida las ha colocado ahí. En ambos casos, la cita puede tener un peso distinto: no hay nadie en casa con quien repasarla. Eso no te hace menos capaz; puede hacer más útil pensar de antemano quién te recibirá después.

Si te apetece seguir pensando en ese camino, tienes el artículo Maternidad en solitario por elección: dar espacio a tus preguntas.

Después de la cita, ¿quién te recibe?

A veces la parte más difícil no es la cita sino la hora siguiente. Puedes decidir de antemano quién será tu persona de después y qué necesitas: que te escuche, que no pregunte, que te lleve a comer. Si no hay nadie disponible, tu persona de después puede ser un mensaje de voz que te mandes a ti misma, una página de diario o un plan pequeño que ya esté pensado.

Preguntas frecuentes

¿Puedo cambiar de opinión de una cita a otra?

Sí. Lo que necesitas puede variar según la cita, tu ánimo y tu agenda. Puedes ir sola a una y acompañada a otra sin que eso signifique que antes te equivocaste.

¿Cómo pido a una amiga que me acompañe sin que sea incómodo?

Puedes decirle qué papel le propones y qué no esperas de ella, por ejemplo escuchar y esperar fuera. Si dice que no puede, es información sobre su disponibilidad y no sobre cuánto te quiere.

¿Qué hago si me da miedo ir sola y no tengo a nadie?

Puedes preparar la nota de bolsillo, dejar planeado algo para después y avisar a una persona de que ese día vas. Si el miedo te desborda, puedes comentarlo en la clínica o buscar a un profesional de salud mental.

Si estás tratando de decidir a quién pedir compañía, o cómo afrontar una cita concreta, puedes leer Primera consulta de fertilidad: cómo cuidar los nervios y Sentirte sola en el tratamiento de fertilidad: cómo encontrar compañía. Y si prefieres pensar la decisión con alguien, María Teresa ofrece la consulta individual, una sesión puntual online de acompañamiento emocional que no sustituye la atención médica ni la psicológica.

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