Saltar al contenido

Fertilidad · Nueva pareja · Entorno

Contar tu historia de fertilidad a una nueva pareja: cuándo y cómo

Hablar de tu camino con alguien que acaba de llegar a tu vida puede dar vértigo: miedo al rechazo, a la compasión o a que todo cambie. Aquí tienes preguntas y frases para decidir qué contar y a qué ritmo.

Por María Teresa Ramos Martínez ·

Contarle a alguien que acabas de conocer, o con quien la relación empieza a ser seria, lo que has vivido con la fertilidad puede sentirse como enseñar una parte muy frágil de ti sin saber cómo la va a recibir. Puede que te preocupe su cara, el silencio que venga después o que su manera de mirarte cambie. También puede que temas una compasión que te deje con la sensación de ser menos.

Este artículo no te marca una fecha ni un guion obligatorio, y no entra en nada clínico: eso pertenece a tu equipo médico. Tampoco puede asegurarte cómo reaccionará la otra persona. Lo que ofrece es una manera de ordenar tus ideas para que, cuando decidas hablar, lo hagas desde lo que tú quieres y no solo desde el miedo.

Lo que temes también merece que lo mires

Antes de pensar en el cuándo, quizá te sirva ponerle nombre al miedo. No todos son iguales: temer el rechazo no es lo mismo que temer una lástima que te encasille, ni que temer tener que explicar una y otra vez algo que todavía duele. Cada uno pide una conversación distinta.

Un ejercicio sencillo: abre la aplicación de notas del móvil y crea dos notas. En la primera, la conversación tal como la temes, con sus palabras y sus silencios. En la segunda, la conversación como te gustaría que fuera. Después, en cada nota, resalta una sola frase que dependa de ti y no de la otra persona. Lo que resaltes en la segunda quizá te indique qué necesitas pedir; lo que resaltes en la primera, qué quieres proteger.

Sobre el momento: una pregunta mejor que «cuándo»

No existe un calendario válido para todas las relaciones, y por eso este artículo no da ninguno. En lugar de «¿cuándo debería contarlo?», puedes preguntarte: «¿qué necesito sentir con esta persona para querer compartirlo?». Para alguien puede ser confianza en cómo escucha; para otra persona, haber visto cómo trata los temas delicados; para otra, simplemente querer que lo sepa porque forma parte de su vida.

También cuenta el contexto. Quizá prefieras un momento tranquilo y sin prisa, mejor que una cena con mucha gente o un mensaje a las once de la noche. Puedes avisar de que es algo importante para ti, para que la otra persona sepa que no es una conversación ligera: «Hay algo de mi historia que me gustaría contarte, ¿hablamos con calma?».

Qué contar y qué reservar

Contar no significa contarlo todo. Puedes compartir lo esencial y guardarte los detalles, o hablar de lo que has vivido sin entrar en lo que siguen siendo heridas abiertas. Algunas preguntas para decidir:

  • ¿Qué necesito que esta persona sepa para entenderme mejor?
  • ¿Qué parte sigue siendo demasiado reciente para ponerla en palabras?
  • ¿Hay algo que quiero conservar solo para mí, aunque la relación avance?
  • ¿Quiero que lo que cuento quede entre nosotros o puedo aceptar que lo comente con alguien?

Puedes pedir que lo hablado no se comparta con terceras personas. Las preguntas médicas que surjan puedes dejarlas para tu equipo médico.

Frases posibles para empezar

Si no sabes cómo abrir, puede ayudarte tener una frase preparada que no te comprometa a más de lo que quieres decir. Algunas opciones, para adaptar con tus palabras:

  • «Quiero contarte algo que ha marcado mucho mi vida. No necesito que lo arregles, solo que lo sepas.»
  • «Es un tema que todavía me cuesta, así que puede que me tome mi tiempo al contarlo.»
  • «Prefiero que me preguntes antes de suponer. Si hay algo que no quiero responder, te lo diré.»
  • «Hay una parte que prefiero reservarme por ahora. Te la contaré si llega el momento.»

Fíjate en que ninguna frase te pide justificarte. Tu historia no es una disculpa que presentar ni una condición que la otra persona tenga que aceptar en ese mismo instante.

Escuchar la reacción sin interpretarla de más

La primera reacción de alguien no siempre es su respuesta definitiva. Puede que se quede en silencio porque busca las palabras, que haga una pregunta torpe o que cambie de tema por nervios. También puede que diga justo lo que necesitabas oír. Y puede que no. Una reacción que te duela no tiene por qué ser la última palabra de esa persona, pero sí puede darte información sobre cómo se desenvuelve hablando de esto contigo.

Si algo te incomoda, puedes decirlo con sencillez: «Cuando has dicho eso me ha dolido; me ayudaría que me preguntaras cómo estoy». Y si quieres tiempo para ver cómo te sientes tras la conversación, puedes pedirlo sin dar más explicaciones. Observar cómo se comporta en los días siguientes también puede darte información.

Tus tiempos y el duelo que puede reaparecer

Piensa también en cómo quieres que te traten a partir de ahora. Quizá prefieras que no te pregunten por novedades a cada rato, que no te ofrezcan consuelo automático o que te dejen elegir cuándo volver sobre el tema. Ponerlo en palabras es una forma de cuidar la relación y de cuidarte tú.

Hablar de lo vivido puede remover cosas que creías ordenadas. Quizá, tras contarlo, aparezcan tristeza, rabia o cansancio, aunque la conversación haya ido bien. No significa que hayas hecho algo mal. A veces decir en voz alta una historia que llevabas dentro reabre un duelo que seguía ahí.

Puedes darte permiso para descansar después, escribir lo que sientas o hablar con alguien de confianza. Si el malestar te desborda o se mantiene, lo adecuado es acudir a un profesional de salud mental. Y si hay peligro inmediato, llama al 112 (en España) o a los servicios de emergencia de tu zona; en España, la línea 024 atiende a personas con pensamientos suicidas. El coaching no trata trastornos ni sustituye la atención psicológica o médica.

Preguntas frecuentes

¿Tengo que contarlo en las primeras citas?

No hay una obligación en ese sentido. Puedes esperar a sentir que quieres compartirlo o contarlo antes si te quita peso. Lo importante es que la decisión sea tuya y no una respuesta al miedo o a la presión.

¿Y si me da miedo que me vean como alguien con una carga?

Es un miedo que puedes nombrar, sin que eso lo haga cierto. Tu historia es una parte de ti, no tu definición completa. Escribir qué más forma parte de quién eres puede ayudarte a contarla sin que ocupe toda la conversación.

¿Qué hago si la otra persona no sabe qué decir?

Puedes decirle qué te vendría bien: escucha, una pregunta abierta o simplemente compañía. Si necesita tiempo para pensar, también puedes concedérselo. Cómo responde después, con el paso de los días, te dará más información que su primer momento de duda.

¿Puedo contar solo una parte de mi historia?

Sí. Puedes compartir lo que quieras y reservarte el resto, y ampliar más adelante o no hacerlo. Decidir qué entra en la conversación es una forma de poner límites, y es algo que puedes revisar cuando lo necesites.

Para seguir ordenando lo que sientes, quizá te sirvan cómo hablar de la infertilidad con familia y amistades, la infertilidad también se vive cuando nadie te ve, infertilidad e intimidad, cuando la búsqueda cambia la relación y guardar en secreto tu tratamiento de fertilidad: lo que pesa callar. Y si hay una duda concreta que quieras ordenar antes de hablar con alguien, María Teresa ofrece la consulta individual.

Consulta individual

Tu historia, a tu ritmo

Una sesión online de 60 minutos, única y sin compromiso de continuar, para ordenar lo que necesitas ordenar ahora.