Quizá tu familia ya está como la imaginabas, o has decidido no seguir intentándolo, y aun así hay embriones guardados que esperan una respuesta. Puede que cada vez que llega un aviso o una pregunta de la clínica se te encoja el estómago. O puede que lo hayas aparcado tanto que ya ni sepas cómo retomarlo. Sea cual sea tu caso, lo que sientes tiene sitio aquí.
Este artículo no explica las opciones disponibles, ni sus condiciones, ni nada legal, médico o económico: eso varía y debes consultarlo con tu clínica, que es quien puede informarte con exactitud. Tampoco te empuja hacia ninguna decisión. Se centra solo en lo emocional: el peso de decidir, lo que estos embriones pueden significar para ti y cómo ordenar tus ideas.
Por qué una decisión «práctica» puede sentirse tan grande
Desde fuera, puede parecer un trámite pendiente. Desde dentro, no siempre lo es. Esos embriones pueden estar unidos a años de esperas, inyecciones, resultados difíciles y esperanza. Decidir sobre ellos puede sentirse como cerrar una puerta que preferías no cerrar, o como tener que ponerle un punto final a una etapa que no terminó del todo.
También puede pasar que no sientas nada especial y te sorprenda sentirte culpable por ello. Las dos reacciones son posibles, y ninguna dice nada sobre cuánto deseaste a tus hijos o cuánto te importó el proceso. No hay una emoción correcta que debas tener ante esta decisión.
Qué pueden representar para ti
Dos personas con embriones guardados pueden vivir algo muy distinto. Para alguien pueden ser una posibilidad que aún no ha soltado. Para otra, el recuerdo de un esfuerzo enorme. Y para otra, simplemente una gestión pendiente que le genera cansancio. A veces el significado cambia con los meses, o incluso de un día para otro.
Algunas ideas que a veces aparecen, por si alguna te resuena:
- Una posibilidad que sientes que no te corresponde cerrar.
- La prueba tangible de todo lo que hiciste por tener hijos.
- Una parte de tu historia con tu pareja, o contigo sola.
- Una posibilidad futura que te da seguridad, aunque no la vayas a usar.
- Una carga que quisieras dejar de llevar.
Puedes tener varias a la vez, incluso contradictorias. Ponerles nombre no te obliga a nada; solo te ayuda a saber desde dónde estás mirando la decisión.
Cuando en la pareja no coincidís
Puede que uno de los dos tenga más claro qué quiere y el otro no consiga ni pensarlo. O que cada uno otorgue un significado distinto a esos embriones. Antes de buscar un acuerdo, quizá ayude preguntarse qué necesita cada uno y no solo qué opción prefiere. Algunas frases para abrir la conversación sin presionar:
- «Cuando pienso en este tema, lo que más me pesa es…»
- «Lo que me da miedo de decidir es…»
- «Para mí, estos embriones son…»
- «Hoy necesito que me escuches sin darme una solución.»
Si la conversación se vuelve tensa, podéis pausarla y acordar cuándo retomarla. Una decisión compartida no tiene por qué tomarse en una sola charla. Si el desacuerdo os desborda, un profesional de apoyo psicológico puede ofreceros un espacio para hablarlo; ya lo trata con más detalle este artículo sobre cuando la pareja no quiere seguir.
Posponer también es una forma de estar en la decisión
Puede que lleves tiempo sin abrir el tema, y quizá te preguntes si eso es evitar o es respetar tu ritmo. Las dos lecturas pueden tener algo de verdad. Para distinguirlas, a veces sirve preguntarse: ¿pospongo porque aún necesito algo (información, tiempo, una conversación) o porque pensarlo me resulta insoportable?
Si es lo segundo, no hace falta forzarte a decidir ya. Puedes empezar por algo más pequeño: apuntar en un papel qué te asusta, o pedir a tu clínica que te explique qué opciones y condiciones existen, solo para informarte, sin que eso te comprometa. Saber qué hay sobre la mesa no te obliga a elegir hoy.
Preguntas para ordenarte
Tómate un rato, sin prisa, con papel y lápiz. No hay respuestas buenas ni malas, y puedes dejar en blanco las que ahora no puedas contestar:
- ¿Qué siento al pensar en estos embriones: ternura, miedo, culpa, indiferencia, cansancio?
- ¿Qué significan para mí hoy? ¿Y qué significaban cuando los creamos?
- ¿Qué parte de esta decisión siento que me corresponde y cuál prefiero compartir?
- ¿Qué me gustaría poder decirme dentro de unos años sobre cómo lo afronté?
- ¿Qué valores quiero que me acompañen aquí, más allá de lo que haga el resto del mundo?
- ¿A quién podría contarle cómo me siento sin que me diga lo que debería hacer?
Si al escribir aparece mucho dolor, puedes parar. Y si se te hace pesado más allá de lo que puedes sostener, o tienes pensamientos de hacerte daño, pide ayuda a un profesional de salud mental. Si hay peligro inmediato, llama al 112 (en España) o a los servicios de emergencia de tu zona; en España también puedes llamar al 024. El coaching no trata trastornos ni sustituye la atención psicológica o médica.
Preguntas frecuentes
¿Qué hago con la culpa por tener embriones congelados y no saber qué hacer?
Puedes sentir culpa, pena, alivio o ninguna de ellas. La culpa no demuestra que estés haciendo algo mal; puede indicar que el tema te importa. Si te pesa mucho, hablarlo con alguien de confianza o con un profesional puede ayudarte.
¿Tengo que decidir ya?
Eso depende de las condiciones que tu clínica te explique, y es ella quien puede informarte. En lo emocional, puedes tomarte un tiempo para escucharte, sin que posponer implique que lo estés haciendo mal.
¿Qué hago si mi pareja y yo pensamos distinto?
Probad a hablar de qué significa esto para cada uno antes de debatir opciones. Pausar la conversación cuando suba la tensión también ayuda. Si os cuesta, un espacio de apoyo psicológico puede facilitar que os escuchéis.
Si quieres seguir pensando en lo que implica cerrar o sostener una etapa, quizá te sirva leer qué puede significar parar un tratamiento. Si la decisión toca tu forma de pensar en la maternidad y en lo que dejas atrás, también puedes explorar otra decisión difícil sobre cómo contar tu historia y las dudas emocionales de congelar óvulos.