Quizá vosotras dos habéis empezado a imaginar una familia en la que las dos seréis madres. Puede que llevéis años hablándolo o que la conversación sea reciente, y es posible que cada una lo viva con un ritmo propio: ilusión, nervios, ganas de avanzar, necesidad de ir más despacio. Este camino no tiene por qué ser fácil ni difícil, y no existe una manera de sentirlo que corresponda a una pareja de mujeres.
Este artículo no habla de tratamientos, de trámites ni de cuestiones legales o económicas, y no puede decirte qué os conviene a nivel médico: eso corresponde a vuestro equipo médico y a las instituciones competentes de tu país o región. Tampoco sustituye la atención psicológica. Se queda en lo emocional: cómo puede sentirse cada una, qué conversaciones pueden ayudar y cómo cuidaros como pareja mientras tanto.
Quién gestará y quién aportará los óvulos también es una conversación emocional
Decidir quién gestará o quién aportará los óvulos puede parecer una cuestión práctica, pero puede llevar debajo deseos, miedos e imágenes que cada una tiene desde hace tiempo. Una de vosotras puede haber soñado siempre con vivir un embarazo. Otra puede sentir que gestar no es lo que quiere, o que le da respeto. A veces las dos lo desean y hay que decidir un orden, o una de las dos preferiría que fuera la otra y no sabe cómo decirlo.
Antes de llegar a una respuesta, quizá os ayude contestar por separado, por escrito, a estas preguntas y compartirlas después:
- «Cuando imagino a nuestra familia, ¿dónde me veo yo?»
- «¿Qué me ilusiona de cada papel y qué me preocupa?»
- «¿Qué necesito oír de ti para sentir que mi lugar importa?»
Las preguntas médicas que surjan en esa decisión pertenecen a vuestra clínica. Lo emocional es que ninguna ceda algo en silencio.
Cada lugar tiene su propio sentimiento
La que gesta puede vivir su cuerpo, su agenda y su ánimo en primer plano, con una intensidad que la otra no comparte. La que no gesta puede sentirse a veces al margen, con ganas de implicarse y sin saber cómo, o con una mezcla de ilusión y pequeña tristeza que no se atreve a nombrar. Si te pasa, no significa que desees menos ser madre ni que estés quitando valor al esfuerzo de tu pareja.
Puede aparecer también el sentimiento de ser una «mamá de segunda», sobre todo si el entorno pregunta quién es «la madre de verdad». Ese pensamiento puede doler venga de fuera o de dentro. Si lo reconoces, podrías ponerle palabras en pareja: «A veces temo que mi lugar sea menos importante», «Quiero que mi manera de estar cuente». Nombrarlo no lo vuelve cierto; permite que la otra sepa qué te hace falta. Y a quien gesta le puede ayudar saber que su pareja no es una espectadora, y que puede acompañarla de formas que ambas decidáis.
Quien gesta también puede sentir presión por «hacerlo bien». Eso merece espacio.
Ser visibles ante las clínicas y el entorno
Ser dos madres puede implicar explicar vuestra familia una y otra vez: ante profesionales, en la familia, en el trabajo. Puede que a veces os sintáis cómodas y otras con ganas de protegeros, y ambas reacciones caben.
Si algún comentario te ha dolido, por ejemplo preguntas sobre «quién hará de padre» o dudas sobre vuestra familia, quizá ayude decidir de antemano qué quieres responder y qué no. Algunas frases posibles:
- «Seremos las dos madres, y así lo vivimos.»
- «Es una pregunta que prefiero no responder ahora.»
- «Nos gustaría que hablaras de nuestra familia con respeto.»
Para las citas con el equipo médico, podéis acordar antes quién habla, qué queréis que se tenga en cuenta de las dos y cómo os gustaría que se dirijan a cada una. Si en algún momento no os sentís vistas, podéis decirlo en el momento o después, por escrito.
Hablar con la familia y las amistades requiere sus propios límites; en hablar de infertilidad con la familia y las amistades encontrarás ideas para decidir qué compartir y con quién.
Tiempos distintos entre las dos
Puede que una de vosotras quiera avanzar ya y la otra necesite más tiempo, o que los deseos cambien por el camino. Esa diferencia no dice nada sobre cuánto os queréis ni cuánto deseáis esta familia. Podéis pactar pausas explícitas, sin justificar lo que sentís: «Necesito una semana para pensarlo», «Hoy me apetece hablar de otra cosa».
Si compartís este camino con una persona donante, esa decisión tiene su propia carga emocional; en dudas emocionales de la pareja ante el semen de donante podéis seguir esa conversación.
Cuidar la pareja mientras tanto
El deseo de ser madres puede ocupar muchas conversaciones. Quizá os venga bien reservar momentos en los que no se hable del proyecto, y otros en los que sí, con un tiempo acotado. Puede que el cuerpo, el cansancio o la espera cambien la forma en que os acercáis; en intimidad y pareja durante la búsqueda de embarazo hay ideas que también pueden valerte.
Si una de las dos siente que necesita pensar también en su propio deseo de maternidad, la maternidad en solitario por elección recoge otras preguntas. Y si algo de esto te desborda, buscar apoyo psicológico puede ser un paso útil.
Preguntas frecuentes
¿Cómo hablo de mi duda sobre quién gestará sin que suene a rechazo?
Puedes hablar desde lo que sientes y no desde lo que le falta a la otra persona: «me preocupa» o «necesito pensar» abren más que «tú no». Elegir un momento tranquilo y avisar de que quieres hablar de ello también ayuda a que no se viva como un reproche.
¿Cómo puedo sentirme parte si no voy a gestar?
Puedes preguntarte qué papel te gustaría tener en cada etapa y proponerlo, desde acompañar en las citas hasta tener un ritual propio. Decir lo que necesitas ayuda más que esperar a que tu pareja lo adivine.
¿Qué hago ante comentarios que invisibilizan a una de las dos madres?
Puedes responder con una frase preparada, poner un límite o no contestar si no te apetece. Después, hablarlo con tu pareja puede ayudaros a decidir cómo queréis que se refiera a vuestra familia.
Si necesitas ordenar lo que sientes antes de hablarlo con tu pareja, existe la consulta individual, un servicio de María Teresa pensado como espacio de acompañamiento para ti, sin sustituir la atención médica ni psicológica.