Quizá has escrito un borrador sobre tu tratamiento y no sabes si publicarlo. O tienes una cuenta nueva solo para hablar de esto, o llevas semanas dudando si subir una historia sobre el día de la punción o de la transferencia. Pensar en contar tu proceso fuera de tu círculo no te convierte en una persona imprudente ni en una persona valiente: es una decisión sobre tu intimidad, y puedes tomarla a tu ritmo.
Este artículo no te dice si tienes que compartir ni te da pautas para crecer en redes. Tampoco habla de medicina ni de resultados. Se queda en lo emocional: qué puede buscar quien cuenta su historia, qué puede quedar expuesto y qué preguntas te sirven para decidir. Si lo que te cansa es lo que ves en las pantallas, el artículo sobre infertilidad y redes sociales: cuidar lo que ves se ocupa de eso.
Qué puede llevar a alguien a contar su historia
A veces se busca comunidad: leer a alguien que cuenta algo parecido puede hacer que te sientas menos rara, y escribir puede hacer que otras personas te respondan desde un lugar que tu entorno no alcanza. Otras veces se busca ordenar: ponerlo en palabras para ti, aunque lo vea alguien más, ayuda a entender qué te está pasando. Y otras veces se busca normalizar, es decir, que la palabra «infertilidad» o «FIV» deje de ser un secreto en tu vida.
Ninguno de esos motivos es mejor que otro. Tampoco hace falta que tengas uno claro antes de empezar; puedes descubrirlo escribiendo. Lo que sí puede ayudarte es saber cuál es el tuyo hoy, porque cambia lo que necesitas que ocurra cuando pulses «publicar».
Lo que puede quedar expuesto
Una vez publicado, ya no controlas del todo quién lo lee, quién lo comparte ni cuándo vuelve a aparecer. Pueden llegar opiniones que no pediste, consejos sobre qué hacer o qué no hacer, comparaciones con otras historias, o comentarios bienintencionados que duelen. También puede ocurrir que alguien de tu familia, de tu trabajo o de tu círculo cercano se entere por ahí, antes de que tú quisieras contárselo.
Otra cosa que puede pasar es sentirte vigilada. Si cuentas cada paso, quizá empieces a notar que hay personas esperando la siguiente novedad, y que contestar «cómo va todo» se convierte en una tarea más. Y si la historia pública tiene un final que no esperabas, puedes tener que vivir ese final delante de quienes te seguían. Nada de esto es inevitable ni tiene por qué ocurrir; es lo que a veces se pierde de vista cuando uno está pensando solo en la parte buena.
Preguntas para hacerte antes de publicar
No tienes que contestarlas todas ni en una sentada. Puedes escribirlas en un papel y volver otro día:
- ¿Quién lo va a ver de verdad: personas que no conozco, mi familia, mis compañeros de trabajo, alguien que preferiría que no lo supiera?
- ¿Qué quiero que pase cuando lo publique? ¿Y qué no quiero que pase de ninguna manera?
- Si llegan comentarios que duelen, ¿qué haré? ¿Podré cerrarlos, borrarlos o dejar de mirar, o me quedaré dándoles vueltas?
- Si el resultado de este tratamiento es negativo, ¿me sentiré acompañada por haberlo contado o expuesta por haberlo contado?
- ¿Esto que quiero contar también es de otra persona? ¿Se lo he preguntado?
- ¿Me gustaría seguir contándolo igual dentro de un año, o prefiero que esta etapa quede solo en mis manos?
Si alguna respuesta es «no lo sé», puede ser una señal para esperar un poco, no para renunciar. Si alguna respuesta te inquieta mucho, merece que le prestes atención antes de tocar el botón.
Lo que cuento, lo que reservo y lo que escribo solo para mí
Quizá ayude dejar de pensar en «publicar o no publicar» y repartir lo que quieres decir en tres espacios. En el primero va lo que sí cuentas a quien quieras y donde quieras. En el segundo, lo que cuentas solo a un grupo pequeño. En el tercero, lo que escribes solo para ti y no sale de ahí.
Hay opciones intermedias entre contarlo todo y no decir nada. Puedes tener una cuenta privada y aceptar solo a quienes conoces y te sientan bien. Puedes escribir en un blog o en una lista de contactos cerrada, para dos o tres personas. Puedes escribir como si fuera a publicarse, guardarlo y decidir más adelante si lo sueltas. Y puedes publicar algo sobre lo que sientes sin contar cuándo ni cómo ocurre cada cosa, para no dejar tu calendario a la vista. Si te interesa la escritura para ti sola, en escribir un diario durante la búsqueda de embarazo: ideas y preguntas encontrarás ideas para empezar sin público.
Esta clasificación no es definitiva. Lo que hoy está en el tercer espacio puede pasar al segundo dentro de unos meses, y lo contrario también puede ocurrir. Cambiar de idea no es una incoherencia.
Cuando tu historia incluye a otras personas
Un proceso de fertilidad a veces no se vive en soledad. Si tienes pareja, una parte de lo que cuentas también es suya: su cuerpo, sus resultados, su manera de vivirlo o sus silencios. Lo mismo puede ocurrir con tu madre, una amiga que te acompaña a las citas o la persona que va a ser donante. Publicar algo que también les pertenece, sin que lo sepan, puede abrir una herida que no estaba en tus planes.
Preguntar antes es una forma de cuidar la relación, y no hace falta que sea solemne. Algunas frases que quizá te sirvan:
- «Quiero escribir sobre lo que estamos viviendo. ¿Hay algo que prefieras que no cuente?»
- «Te enseño el texto antes de publicarlo. Si algo no te encaja, lo cambio o lo quito.»
- «Puedo hablar solo de lo que yo siento, sin nombrarte ni dar detalles tuyos. ¿Te parece bien?»
Si tu pareja prefiere que no se cuente nada, puedes valorar qué hacer con ese «no»: escribir sin publicar, contar solo lo tuyo o buscar otro espacio. Si necesitáis hablar de cómo lo vive cada persona, cómo hablar de la infertilidad con familia y amistades puede ayudaros a preparar esa conversación. Y si buscas un lugar donde escuchar a otras personas sin exponerte, el artículo sobre foros de fertilidad y comparar tu caso con otros trata de ese camino y de sus riesgos.
Preguntas frecuentes
¿Puedo borrar lo que publiqué si me arrepiento?
En algunas plataformas puedes retirar una publicación, pero quizá alguien ya la haya visto, guardado o compartido. Por eso puede ayudarte pensar, antes de publicar, qué sentirías si esas palabras siguieran circulando.
¿Qué hago si un familiar se entera por mis redes?
Puedes elegir cuándo hablar con esa persona y qué decirle: «Prefería contártelo yo, pero ya lo sabes. Ahora me gustaría que me preguntaras antes de comentarlo con otras personas». Tu enfado o tu alivio son legítimos, sea cual sea.
¿Contar mi historia me va a hacer sentir peor o mejor?
No hay forma de saberlo de antemano, y este artículo no puede prometerlo. Puedes probar con el cajón más pequeño, observar cómo te deja y ajustar. Si lo que sientes se vuelve muy pesado, hablar con un profesional de la salud mental es una opción.
Compartir tu proceso puede ser un acto de cuidado hacia ti, o algo que prefieres reservar para cuando haya pasado más tiempo. Si quieres pensar en voz alta con alguien qué quieres abrir, a quién y qué quieres guardar, puedes conocer la consulta individual, un servicio de María Teresa pensado como una sesión puntual de acompañamiento emocional. El coaching no sustituye la atención médica ni la psicológica.