Quizá tengas ganas de intentarlo cuanto antes, o quizá solo de pensarlo se te encoja el pecho. Puede que sientas las dos cosas en la misma hora. Las dos reacciones son posibles después de un aborto espontáneo, y ninguna dice nada definitivo sobre ti ni sobre lo que viene.
Este artículo no explica cuánto tiempo conviene esperar, cuándo es seguro volver a intentarlo ni qué es habitual desde el punto de vista clínico: eso lo indica tu equipo médico, que conoce tu caso. Tampoco es terapia ni sustituye la atención psicológica. Lo que ofrece son preguntas y herramientas para la parte emocional de la decisión.
«Tu cuerpo está listo» no es lo mismo que «tú estás lista»
Son dos preguntas distintas, con dos responsables distintos. La primera, si tu cuerpo puede volver a intentarlo, se la haces a tu ginecólogo o ginecóloga o a tu clínica. La segunda, si tú quieres, si te sientes con fuerzas, si te da más miedo intentarlo o no intentarlo, solo la puedes contestar tú.
A veces se mezclan. Una respuesta médica tranquilizadora no tiene por qué apagar el miedo, y un miedo grande no te dice nada clínico: eso lo valora tu equipo médico. Separarlas ayuda a no pedirle a una lo que solo puede dar la otra. Puedes preguntarte: «¿Qué parte de esta duda es una pregunta para mi médico y qué parte es una pregunta para mí?».
El miedo a volver a ilusionarte
Para muchas personas, lo más difícil no es el intento sino la ilusión que viene con él. Ilusionarse otra vez puede sentirse como volver a poner en riesgo algo que ya dolió. Algunas mujeres evitan imaginar, comprar, contar o poner nombre a nada mientras no haya «garantías», y otras sienten culpa por tener ilusión, como si olvidaran lo ocurrido.
No hace falta que elijas entre proteger la ilusión o dejarla entrar. Puedes probar con una escritura breve, solo para ti:
- «Lo que más temo de volver a intentarlo es…»
- «Lo que más temo de no intentarlo es…»
- «Si el miedo pudiera decirme qué intenta cuidar, diría…»
- «Hoy me haría falta que alguien me dijera…»
No son preguntas para llegar a una conclusión, solo para ver con más claridad lo que ya llevas dentro. Si lo que vives es una tristeza que no se mueve, puedes leer sobre el duelo gestacional, que no sigue un calendario ni necesita justificarse.
La presión de los demás, con frases para responder
«Ya lo intentaréis otra vez» o «seguro que a la próxima» pueden venir con cariño y, aun así, pesar. También hay quien empuja en dirección contraria y sugiere esperar, descansar o «pensarlo bien». Cualquier consejo ajeno sobre cuándo hacerlo habla de la prisa o el miedo de quien lo da, no de tu tiempo.
Si quieres poner un límite, algunas frases posibles:
- «Gracias por tu cariño. Lo estamos pensando con calma y ya os contaremos si hay algo que contar.»
- «Hoy prefiero no hablar de si lo vamos a intentar o no.»
- «Lo que me ayuda ahora es que me escuches, no que me animes.»
No tienes que explicarte ni convencer a nadie. Si te interesa ir más a fondo en cómo ponerlo en palabras, tienes más ideas en el miedo que acompaña a un posible positivo.
Cuando en la pareja cada persona va a su ritmo
Es frecuente que una persona quiera avanzar y la otra necesite más tiempo, o que ambas tengan ganas pero por razones distintas. Cada una vive la pérdida a su manera, y el ritmo de cada una no mide cuánto quiere ni cuánto sufrió. Puede ayudar sentarse un rato, sin prisa por decidir, y preguntaros por turnos: «¿Qué siento hoy sobre volver a intentarlo?», «¿qué necesito de ti mientras decidimos?» y «¿qué fecha nos ponemos para volver a hablarlo, sin que sea una fecha para decidir?».
Si el desacuerdo se alarga y duele, este artículo sobre la pareja y el tratamiento propone ideas para conversar sin que nadie se sienta empujado. Si hay un tratamiento en marcha, cuidarte entre ciclos también puede ser un punto de partida.
Preparar la conversación con tu clínica
Llevar por escrito lo que quieres preguntar evita salir de la consulta con la sensación de haber olvidado lo importante. Algunas ideas, siempre para que las conteste tu equipo:
- «¿Qué me recomendáis tener en cuenta en mi caso antes de decidir?»
- «¿Con quién puedo hablar si el miedo me bloquea?»
- «¿Hay apoyo psicológico en la clínica o podéis orientarme?»
También puedes decir cómo estás, aunque no sea una pregunta: «Tengo ganas pero también mucho miedo». La guía de ESHRE sobre atención psicosocial en infertilidad y reproducción asistida va dirigida a quienes trabajan en clínicas de fertilidad y trata las necesidades psicosociales de las personas en tratamiento. Contar cómo estás a tu clínica no es exagerar.
No existe un calendario emocional correcto. Si la angustia es muy intensa, no te deja dormir o funcionar, o aparecen ideas de hacerte daño, habla con un profesional de salud mental; y si hay peligro inmediato, llama a los servicios de emergencia de tu zona (112 en España).
Preguntas frecuentes
¿Es normal tener miedo a intentarlo de nuevo?
El miedo es una reacción frecuente y comprensible, aunque no todas las personas lo viven igual. Si te acompaña mucho o te limita, puedes comentarlo con tu equipo médico o con un profesional de salud mental.
¿Quién decide si ya puedo volver a intentarlo?
Lo médico lo valora tu equipo sanitario. Lo emocional, es decir, si tú quieres y te sientes con fuerzas, lo decides tú. Pueden ir a ritmos distintos, y está bien que sea así.
¿Qué hago si mi pareja y yo no estamos en el mismo momento?
Puedes proponer una conversación sin presión de decidir, en la que cada persona diga cómo está y qué necesita. Si no os cuesta hablarlo, bien; si se atasca, un profesional puede ayudaros.
Si quieres un espacio para ordenar lo que sientes antes de decidir, puedes conocer la consulta individual. El coaching no sustituye la atención médica ni la psicoterapia. Y si te preguntas cuándo parar o seguir en un proceso largo, hay también un texto sobre cómo pensar ese momento.