Hay decisiones que llegan con un folleto, un consentimiento y una frase del tipo «puedes plantearte…». De pronto tienes que elegir sobre algo que apenas has tenido tiempo de entender, con términos que no se parecen a nada que hayas manejado antes. Este texto se queda en lo que eso puede remover: la carga de decidir, el miedo a arrepentirte y la pregunta de qué te importa a ti.
No explica en qué consiste ninguna prueba, qué puede o no puede decir, ni si te conviene hacerla: eso solo puede aclararlo tu equipo médico, con tu historia delante. Tampoco afirma nada sobre embriones. Y no repite otros artículos del blog: decidir con calma cuando te proponen más pruebas u opciones trata de cómo pedir tiempo ante cualquier propuesta, y embriones congelados: cómo pensar la decisión sobre su futuro habla de lo que representa ese futuro. Aquí el foco es el dilema de valores y la espera que viene detrás.
La carga de decidir cuando la información es difícil
Una cosa es no saber qué elegir y otra, no estar segura de haber entendido lo que eliges. Si te pasa lo segundo, la duda puede parecer un fallo tuyo, cuando quizá sea solo el reflejo de lo complejo que es lo que tienes delante. Dudar mientras entiendes algo puede ser distinto de no estar preparada.
También puede pesar la sensación de que, si decides tú, el resultado es tuyo. Con información médica de por medio, esa responsabilidad puede sentirse enorme. Puedes permitirte el tiempo de entender antes de contestar. Puedes pedir a tu equipo que te expliquen de nuevo lo que no hayas entendido, tantas veces como necesites.
El miedo a arrepentirte, hagas lo que hagas
Hay un miedo que ronda estas decisiones y que tiene dos caras. Una dice: «si no lo hago y luego me pregunto qué habría pasado». La otra: «si lo hago y después siento que me dejé llevar». Las dos hablan de miedo a arrepentirte, y quizá las dos apunten al mismo sitio: querer poder mirar atrás sin sentir que elegiste a ciegas.
Nadie puede prometerte cómo te sentirás después de una decisión u otra. Lo que sí está a tu alcance es la manera de llegar a ella: con las preguntas hechas y con tus razones a mano.
A esto se suma la presión de «hacerlo todo». Puede venir de fuera, en forma de comentarios o de foros, o de dentro, como una vocecita que dice que quien de verdad lo desea no deja ninguna puerta sin abrir. Pero desear algo no te obliga a usar cada opción, y decir que no a una de ellas no tiene por qué ser rendirte. Tu manera de querer puede tener límites.
Qué te pesa y qué te importa
En un dilema de valores, los datos no bastan: hace falta saber qué es lo que pesa para ti. Una opción sencilla es abrir una nota del móvil, o grabar un audio solo para ti, y contestar sin ordenar a una pregunta abierta: ¿qué es lo que más me importa cuidar en esta decisión?
No hace falta que salga algo coherente ni que lo releas hoy; también puedes escribirlo sin enviar a nadie. Si te apetece, puedes llevar esa respuesta, tal como salga, a la consulta con tu equipo, para que sepan desde dónde preguntas. Y si en algún momento no te sale nada, también es una respuesta que puedes comentar con alguien de confianza.
Si en pareja lo vivís de maneras distintas
Quizá una de las dos personas necesita más datos y la otra, más tiempo; o una siente la urgencia de actuar y la otra, la de no equivocarse. Cada postura puede nacer de un miedo legítimo, Si os preguntáis mutuamente «¿qué es lo que más te importa de esto?» antes de hablar de qué hacer, podéis escuchar desde dónde habla cada quien.
Si se os hace difícil hablarlo entre vosotros, puede ayudar una conversación previa a solas con alguien de confianza, o repasar acuerdos de pareja antes de empezar un tratamiento de fertilidad: qué conviene hablar. El coaching no es terapia de pareja, y si el desacuerdo os desborda, un profesional de la psicología puede ser el apoyo adecuado.
Preparar preguntas abiertas para tu equipo
Llevar las preguntas escritas puede quitarte el miedo a quedarte en blanco en la consulta. Algunas, abiertas y sin cuestionar a nadie:
- ¿Qué puede aportar esto en mi caso, concretamente?
- ¿Qué es lo que esto no puede decirme?
- ¿Qué cambiaría en nuestras decisiones, y qué seguiría igual?
- ¿Cuánto tiempo tenemos para decidir y qué pasa si nos tomamos más tiempo?
- ¿Cómo y cuándo recibiremos la respuesta?
Las respuestas dependen de tu equipo. Puedes pedir que te las den por escrito o volver a preguntar otro día.
Vivir la espera de un resultado así
Después de decidir llega otra parte: esperar. Esa espera puede traer pensamientos de «¿y si no debí?» o de «ya no hay vuelta atrás», y a veces conviven con el alivio de haber decidido. No tienes que escoger una sola emoción.
Puedes decidir de antemano cómo quieres que te den la noticia y quién quieres que esté cerca. Puedes plantearte llamar a una persona de confianza el día antes, aunque sea para contarle cómo te sientes. También puedes escribir sin enviar lo que no quieres decir a nadie. Y si la espera de un informe te ocupa más, quizá te acompañe leer esperar el informe de embriones: cuidar lo que sientes.
Decidir con información complicada no tiene una receta, pero sí puede tener un lugar donde ordenar lo que sientes antes de dar el paso.
Preguntas frecuentes
¿Qué hago si no sé qué me importa de verdad en esta decisión?
Puedes empezar por lo que no quieres perder o lamentar, que a veces es más fácil de nombrar. Contestarlo en un audio o en una nota del móvil, sin ordenarlo, puede darte un primer hilo del que tirar.
¿Puedo sentir alivio y miedo a la vez tras decidir?
Puedes sentir las dos cosas a la vez, y no se anulan entre sí. Una decisión importante puede traer descanso y también preguntas nuevas, y las dos emociones pueden convivir en los mismos días.
¿Cómo pido más tiempo sin parecer indecisa?
Puedes decir lo que ocurre: «Quiero entender bien esto antes de contestar. ¿Hasta cuándo puedo darte una respuesta?». Es una frase verdadera, que no pide perdón y deja claro que te lo estás tomando en serio.
¿Qué hago si me arrepiento después de decidir?
Puedes hablarlo con alguien de confianza y, si hay dudas sobre lo que ocurre a partir de ahí, con tu equipo. Este texto no puede decirte qué significa tu arrepentimiento; puedes hablarlo con tu equipo y con alguien de confianza.
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