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Decisiones · trabajo · tratamiento

Renunciar a proyectos profesionales por el tratamiento: el coste que no se ve

Decir no a un ascenso, a un viaje o a un cambio de empleo deja algo detrás, aunque la decisión fuera tuya. Puedes mirar esa renuncia con calma, ponerle palabras y decidir qué quieres proteger.

Por María Teresa Ramos Martínez ·

Quizá has dicho que no a un ascenso, a un viaje de trabajo, a un proyecto que llevabas tiempo queriendo o a una oferta que llegó en mal momento. Quizá lo hiciste porque el tratamiento ocupa un lugar que no admite más cosas encima. Puede que la decisión fuera clara el día que la tomaste y que ahora, algunas noches, ya no lo parezca tanto.

Este artículo no te dice si tienes que aceptar o rechazar nada, ni cuánta dedicación pide un tratamiento: eso lo valora tu equipo médico y lo conoces tú. Tampoco ofrece asesoramiento laboral ni de carrera, y no da por hecho que renunciar fuera un acierto o un error. Se ocupa de otra cosa, la que a veces no se nombra: lo que se queda por el camino y cómo llevarlo. Si lo que buscas es cuidar tu privacidad en el trabajo, tienes infertilidad y trabajo: cómo cuidar tu privacidad; si has vuelto a la oficina tras un golpe, está volver al trabajo tras un resultado difícil o una pérdida.

La renuncia que nadie ve

Cuando rechazas algo por el tratamiento, desde fuera puede no notarse. No hay una despedida ni una fecha que marque el momento; solo un correo contestado con cuidado o una reunión a la que no vas. Por eso la pérdida puede quedarse dentro, sin nombre.

Puede que lo que dejas no sea solo un puesto o un sueldo. A veces es una idea de ti dentro de cinco años, el reconocimiento de un equipo, un reto que te hacía sentir capaz o la persona que eras antes de que tu agenda se llenara de citas. Nombrar qué se va con cada «no» es tratarlo como lo que es: algo que importaba.

El resentimiento silencioso y la duda

Después de decidir, pueden aparecer dos cosas a la vez. Una es un resentimiento callado, dirigido a veces hacia el tratamiento, a veces hacia el calendario, a veces hacia alguien que sigue avanzando sin tener que elegir. La otra es la duda: «¿Y si me he precipitado?», «¿Y si esa oportunidad no vuelve?». Ninguna demuestra que decidieras mal: pueden ser lo que queda cuando eliges entre dos cosas que importan.

También puede asomar el miedo a no recuperar lo que has dejado. Nadie puede prometerte qué pasará con una puerta que hoy cierras, y este texto tampoco. Puedes, eso sí, no tratar esa incertidumbre como una sentencia sobre tu decisión.

Si el enfado o la tristeza se vuelven pesados, habla con un profesional de salud mental.

Explicarlo en el trabajo con frases verdaderas

No tienes por qué contar el tratamiento para decir que no, ni inventar un motivo que no existe. Puedes quedarte con lo verdadero y corto. Para decir que no sin inventar nada, estas frases sirven de punto de partida:

  • «Gracias por pensar en mí. Lo he valorado con calma y esta vez no voy a asumirlo.»
  • «Es una decisión personal, y la he tomado yo.»
  • «Me importa este proyecto y por eso prefiero decirte hoy que no puedo comprometerme.»
  • «Prefiero no entrar en los motivos, pero te agradezco que cuentes conmigo.»

Si decides contar más, puedes elegir a una sola persona de confianza y decidir hasta dónde llega lo que compartes.

Hablar con tu pareja de lo que cedes

Si tienes pareja, o alguien que te acompaña de cerca, quizá lo que dejas pase desapercibido porque os centráis en el tratamiento. A veces se calla para no sumar peso: «bastante tenéis ya». El silencio puede acabar convirtiéndose en la parte del resentimiento que más cuesta explicar.

Puedes empezar contando lo que cedes sin pedir nada a cambio, solo para que esté dicho. Por ejemplo: «Quiero que sepas que renunciar a esto me ha costado más de lo que he dicho.» O: «No te lo cuento para que lo arregles, sino para no llevarlo en soledad.» Es posible que a tu pareja también le haya tocado ceder algo; puedes preguntarle qué ha dejado de lado y escucharlo sin comparar. Si el enfado se mezcla con la relación, puede servirte resentimiento hacia tu pareja durante el tratamiento: qué hacer con ello.

Qué quieres proteger de tu vida profesional

Renunciar a un proyecto no significa abandonar todo lo demás. Quizá haya partes de tu vida profesional que quieres mantener vivas aunque ahora no avancen: un oficio que disfrutas, personas, una manera de trabajar, una idea que guardas.

Para ordenarlo, prueba una llamada o un mensaje de voz a alguien que te conozca fuera del trabajo. Pídele que te cuente, con sus palabras, qué ve que te importa de lo que haces. A veces los demás recuerdan cosas nuestras que hemos dejado de ver.

Otra opción es una nota del móvil, sin orden y sin releerla, que conteste a una pregunta abierta: «¿Qué quiero seguir cuidando de mi vida profesional, aunque ahora no avance?». Es un modo de ver qué sigue siendo tuyo, no de decidir nada.

Y si quieres una sola pregunta abierta para contestar en voz alta: «¿Qué parte de esta renuncia siento como una elección mía y cuál como algo que se me ha impuesto?».

Cuándo volver a mirarlo

No hace falta que la renuncia tenga una fecha de caducidad ni que decidas hoy cómo será tu vida profesional dentro de unos años. Puedes dejar la pregunta abierta y preguntarte, de vez en cuando: «¿Qué tendría que pasar para que me apeteciera volver a mirar esto?». La respuesta puede ser una fecha, un resultado, un cambio de ánimo, o nada concreto.

Si otras decisiones se quedan en el aire, como viajes o cambios, puede acompañarte hacer planes mientras esperas: viajes, mudanzas y vida en suspenso.

Elegiste con lo que sabías y sentías entonces, y puedes seguir eligiendo con lo que sabes y sientes ahora.

Preguntas frecuentes

¿Qué hago con la duda de si renuncié a demasiado?

Puedes dejarla estar sin resolverla del todo. Escribe o di en voz alta qué temes haber perdido y qué querías proteger cuando decidiste. La duda no tiene por qué ser una señal de error; a veces acompaña a una elección importante.

¿Y si noto envidia de compañeros que avanzan?

Puede aparecer, y no te convierte en una mala persona. Quizá te sirva distinguir entre lo que admiras de su camino y lo que echas de menos del tuyo. Si pesa mucho, hablarlo con alguien de confianza o con un profesional puede darle un sitio.

¿Cómo sé si renuncié por mí o por miedo?

No siempre se puede separar con claridad, y quizá haya un poco de cada. Puedes preguntarte cómo te sientes al imaginar haber dicho que sí y qué te preocupa de ello. Este texto no puede decidirlo por ti.

¿Es mala idea hablar de esto en mi empresa?

No hay una respuesta única. Puedes compartir solo lo que quieras y reservar el resto. Si tu duda se refiere a condiciones laborales, consulta las fuentes competentes de tu país o región; este artículo no puede orientarte en eso.

Para ordenar con alguien qué has dejado y qué quieres cuidar, la consulta individual es un servicio de María Teresa: una sesión online de 60 minutos, única, sin compromiso de continuar y sin guion cerrado, para ordenar lo que necesitas ordenar ahora mismo. El coaching no es terapia.

Consulta individual

Lo que dejaste también cuenta

Si quieres poner en orden lo que sientes sobre lo que has cedido, puedes mirar cómo es la consulta individual.