Dices «estoy bien» en el coche, de vuelta de la clínica, y lo dices con la voz de siempre mientras por dentro va otra cosa. Quizá lo haces porque no quieres añadir tu peso al de la situación. Quizá tu pareja esté haciendo algo parecido, pero eso solo lo sabe tu pareja. Aquí no hablamos del silencio de la otra persona ni del miedo a que la relación se rompa, sino de ese silencio tuyo, hecho con buena intención, y de qué puedes hacer con él.
No vas a encontrar explicaciones médicas, que corresponden a tu equipo médico, ni una valoración de vuestra relación, ni terapia de pareja, que es cosa de profesionales cualificados. Tampoco se trata de que lo cuentes todo: puedes decidir cuánto, cuándo y de qué manera. Sirve para cualquier pareja, sea cual sea su composición y quién lleve el tratamiento en su cuerpo.
Proteger a alguien también cuesta
Fingir que estás bien es un trabajo. Hay que elegir la cara, el tono, los temas de conversación, y a veces desaparecer un rato para llorar sin que nadie lo vea. Ese trabajo se hace cada día, casi sin que nadie lo note, y gasta.
Además, cuando cada persona cuida a la otra callando, puede pasar que estéis en el mismo sofá y cada persona en su orilla. Solo tu pareja sabe lo que guarda; se averigua preguntando.
A veces el «estoy bien» sale antes de que lo pienses, como un saludo, y otras veces lo eliges con cuidado porque ese día no te ves capaz de más. Ambas formas pueden darse en una misma semana, y tú sabes mejor que nadie cuál es cuál. Mirar con qué frecuencia aparece y en qué momentos no es una acusación hacia ti: es información sobre cuánto te cuesta.
Algunas de las cosas que puede ir quitando la fachada:
- La sensación de compañía: puedes sentirte sola estando acompañada.
- La información: tu pareja quizá no sepa cuándo necesitas algo distinto a lo de siempre.
- La confianza en lo que os decís: si cada persona responde «bien», nadie sabe cuánto de ese «bien» es verdad.
- Tus propias fuerzas, porque sostener el papel cada día cansa.
Entre fingir y contarlo todo
No hay solo dos opciones. Entre fingir que todo está bien y contarlo todo cabe una gama amplia de decisiones pequeñas, y puedes tomar la que te encaje hoy:
- Contar el estado general, sin entrar en detalles: «Este día ha pesado más de lo que he dicho».
- Avisar de que hay algo y reservarte el resto: «Hay una parte de esto que no te he contado todavía, y no hace falta que hablemos ahora».
- Decir lo que no te apetece: «Hoy no quiero hablar de la clínica, pero no es que esté bien».
- Contar un solo hecho concreto de hoy, sin explicarlo.
Ninguna de estas frases tiene que venir con explicación, con soluciones o con una conversación larga detrás. Puedes quedarte en la frase y que el día siga.
Qué decides contar, y a quién le corresponde qué
No todo lo que callas pesa igual. Hay cosas que te guardas porque no están listas para decirse, otras porque temes el momento, y otras porque son tuyas y quieres que sigan siéndolo. Reconocer cuál es cuál puede darte más margen que la regla de «cuéntalo todo» o «no cuentes nada».
Puedes preguntarte, con tus propias palabras, qué te gustaría que tu pareja supiera hoy de ti y qué prefieres llevar a otro sitio, por ejemplo con una amistad o en un espacio aparte. Que una parte de lo que sientes no se cuente en casa no tiene por qué ser fingir: puede ser guardarla donde tú decides.
Una pregunta para hacer en pareja
«Hablar más con mi pareja» es demasiado grande para empezar. Prueba con una sola pregunta, con fecha y con lugar, en un momento en el que ninguna de las dos personas tenga prisa ni acabe de recibir una noticia: el trayecto de vuelta del próximo jueves, la sobremesa del domingo, la noche antes de una cita. La pregunta que puedes llevar es esta:
- «¿Hay algo de lo que estás viviendo que te estés guardando?»
Puedes hacerla tal cual o con tus palabras. Si prefieres no ser la única persona que se abre, puedes ofrecer tú primero una parte de lo tuyo: «Llevo días diciéndote que estoy bien y no del todo. Te lo cuento para que no vayamos cada cual por nuestro lado». Después, deja espacio para cualquier respuesta, incluso «ahora no». Nadie puede prometerte cómo reaccionará tu pareja ni cuánto tiempo tardará en contestar.
Si la conversación se vuelve pesada para alguna de las dos personas, puedes dejar el tema ahí por hoy y proponer otro momento, sin que eso sea un fracaso. También puedes decir qué no estás pidiendo: «No te estoy pidiendo que hagas nada ahora».
La culpa por haber ocultado
Quizá, al darte cuenta, aparezca la culpa: «le he estado mintiendo». Puedes dejarla estar sin tomar decisiones con ella a cuestas. Si la culpa te empuja a pedir disculpas largas, puedes sustituirlas por una frase más breve: «No te lo conté por no cargarte, y ahora me gustaría que lo supieras».
Si el peso es grande, puede ayudarte leer Culpa y autorreproches durante la infertilidad. Y si lo que notas es rabia o cansancio hacia tu pareja, tienes Resentimiento hacia tu pareja durante el tratamiento: qué hacer con ello.
Si la tristeza se alarga o te cuesta hacer tu vida cotidiana, habla con un profesional de salud mental.
Preguntas frecuentes
¿Está mal ocultar mi tristeza para no preocupar a mi pareja?
No tiene por qué ser un error: puede ser una forma de cuidar. Lo que puedes preguntarte es cuánto te cuesta a ti y a la relación sostenerlo. Si ya pesa, puedes contar un poco más, empezando por una frase corta.
¿Cómo sé si mi pareja también está fingiendo?
Solo tu pareja sabe lo que guarda; se averigua preguntando. Puedes plantear algo concreto, por ejemplo «¿cómo vas hoy, de verdad?», y aceptar que la respuesta tarde o que hoy no llegue.
¿Tengo que contarlo todo de una vez?
No. Puedes contar una parte, elegir el momento y dejar lo demás para otro día. Una frase breve y verdadera ya es un cambio. Si necesitas ordenar antes qué quieres decir, tienes la opción de hacerlo por tu cuenta o con apoyo profesional.
¿Qué hago si hablar nos hace daño a los dos?
Puedes parar y proponer retomarlo otro día, o buscar un espacio con un terapeuta de pareja cualificado, que es quien puede acompañar un conflicto entre dos. Mientras tanto, cuidarte tú en otro lugar también cuenta.
Lo que cuentas a tu pareja y lo que ordenas en un espacio aparte son caminos distintos, y puedes necesitar ambos. Para el segundo, la consulta individual es un servicio de María Teresa: una sesión online de 60 minutos, única, sin compromiso de continuar y sin guion cerrado, para ordenar lo que necesitas ordenar ahora mismo. El coaching no es terapia de pareja ni sustituye la atención psicológica. También puede acompañarte leer Necesitar un espacio propio además de tu pareja: por qué puede hacer falta y Mi pareja no habla de lo que siente durante el tratamiento: qué puedes hacer.